jueves, 17 de diciembre de 1998

Exposicion de Pintura: Toñi de la Rosa y Antonio F. Donoso

Pintura. del 17 al 22 Diciembre de 1998
Dña. Toñi de la Rosa Ramírez y
Don Antonio Florencio Donoso Ordóñez

Toñi de la Rosa y Antonio Florencio son dos pintores residentes en Alcalá de Guadaira, que desde hace años llevan una trayectoria libre y amplia, tanto en el terreno individual como en colectivos (como miembros del Grupo Sánchez Perrier) con el fin de llevar su obra a todas las personas y entidades que estén interesadas en el arte en general.

Toñi de la Rosa tiene un toque personal, intimista y subjetiva en su obra. Antonio Florencio es depurado, realista e investigador. Todas estas cualidades, de uno y otro, pretenden llegar a todos con su lenguaje de color y formas para unirnos en un solo cuerpo armónico y cultural.

domingo, 13 de diciembre de 1998

Muestra de Teatro Cubano

Domingo 13 Diciembre de 1998
-Muestra de Teatro Cubano-
“Brindis por el Zonzo” por CTV Teatro, Dos Hermanas.
“El Peine y el Espejo” por CTV Teatro, Dos Hermanas.
“S O S, Sida” por Teatro Rumbo, Pinar del Río, Cuba.

Monólogo, escrito, dirigido e interpretado por la compañía teatral RUMBO, relata una feroz y dura historia, en la que la soledad provada por la incomunicación empuja a un joven rockero a tomar una vía de escape: inyectarse el virus del SIDA. Un argumento tan fuerte como bien trabajado en el que Jorge Luis Lugo, director de la compañía, muestra todas su cualidades interpretativas.

La calidad de la obra, puesta de manifiesto en la calidad de la interpretación, original puesta en escena y un guión formidable, hacen de esta obra un documento excepcional del momento por el que la dramaturgia cubana pasa, aunque viéndose en el escollo de la escasez de recursos.

jueves, 10 de diciembre de 1998

Charla Coloquio: La Cultura Andaluza

Jueves 10 Diciembre de 1998- Conferencia y coloquio
“La Cultura Andaluza”
D. Salvador Távora
Dramaturgo, actor y Director del Teatro “La Cuadra”

Salvador Távora en este acto distinguió entre la cultura de la vida y la de los libros, señalando que en Andalucía “es cultura la tolerancia, la amistad, el sol, la luz, el baile, ...”. Además subrayó el valor de la cultura vivencial que los andaluces asumimos desde el mismo momento de nacer, recalcando que hay que reencontrarse con esta cultura para poner fin a las injusticias y afianzar la libertad.

En este sentido, hizo referencia a la cultura deshumanizada y fría de algunos libros excesivamente intelectuales que propocionan un saber muy diferente a la cultura popular, anulando esta última, ya que no concede importancia a las emociones, ni a las vivencias personales.

jueves, 26 de noviembre de 1998

Charla Coloquio: Situacion Politica, economica y Social de Cuba

Jueves 26 Noviembre de 1998 – Charla-coloquio
“Situación Política, social y económica de Cuba”
D. Pablo Vélix.
Presidente de la Asamblea del Poder Popular, Pinar del Río, Cuba

Pablo Véliz, Alcalde- Presidente de la Asamblea del Poder Popular de Pinar del Río, ciudad cubana hermanada con Dos Hermanas, nos ofreció una panorámica de Cuba desde un punto de vista político, social y económico, con una visión práctica de la vida cotidiana de este pueblo.

viernes, 20 de noviembre de 1998

Exposicion de Pintura: Antonio Alcantara

Exposicion de Pintura. del 20 al 29 Noviembre de 1998
D. Antonio Alcántara Carballido

Antonio Alcántara, artista nazareno con unas claves pictóricas originales y vanguardistas, pertenece al Colectivo Artístico Ventana Plástica de Dos Hermanas desde el año 1994. Tiene un extenso curriculum artístico, exponiendo en localidades como Morón de la Frontera, Gines, La Puebla del Río o San Juan de Aznalfarache y habiendo sido seleccionado en diferentes muestras, como la XLIII Exposición de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Hungría y la XXIV Exposición Nacional de Pintura, entre otras.

Su obra puede ser definida una mezcla del expresionismo y del surrealismo, teniendo un acercamiento al neorrealismo, ya que sus pinturas tienen un toque figurativo, reflejado en la creación de rostros deformados.

En la Exposición el pintor presentó 13 obras elegidas por él entre todas sus creaciones, habiendo hecho una selección de los lienzos que más le han gustado sin seguir ningún criterio concreto.

jueves, 19 de noviembre de 1998

Charla Coloquio: Papel de Andalucia en la Nueva Europa.

Jueves 19 Noviembre de 1998-

Conferencia y coloquio:

“Papel de Andalucía en la Nueva Europa”
D. Isidoro Moreno. Catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla

sábado, 31 de octubre de 1998

¿QUIENES SOMOS?

El Ateneo Andaluz nace en Dos Hermanas, Andalucía, en octubre de 1998 como proyecto colectivo de búsqueda de un espacio de encuentro y defensa de nuestros valores como andaluces y andaluzas, como rincón andaluz de fomento de la cultura, libre, crítico e independiente.

El Ateneo Andaluz lo formaron desde sus inicios gente del mundo de la música, las letras, la gastronomía, la pintura, la fotografía, el teatro, la literatura o el baile, con vocación de proyectarse y encontrarse con toda Andalucía habiendo existido sedes del Ateneo Andaluz en Dos Hermanas, Sanlucar de Barrameda, Coria del Río, Jerez de la Frontera....

Nos manifestamos radicalmente como defensores de la Bici y el Peatón, de los animales, del Medio Ambiente, de la Igualdad entre género, solidario con los migrantes y en contra de los que promueven la violencia y las guerras...

El Ateneo Andaluz, nace con vocación de enseñar y aprender, en la idea de los Centros Andaluces de Blas Infante, persigue la recuperacion de las tradiciones y las señas de identidad de nuestro pueblo y de Andalucía y propone a las instituciones públicas, movimiento asociativo y a la sociedad, la realización de un Proyecto Integral de Cultura para nuestra ciudad.

Nuestro Centro en Dos Hermanas pretende ser un espacio de autoorganización de la sociedad civil y ha sido o es sede o punto de encuentro de otros colectivos sociales y culturales nazarenos que en sus inicios no disponían de locales como la AA.VV "José Crespo", la AA.VV. Huerta Sola, CTV Teatro, Peña Gastronómica "amigos de las güenas migas", Colectivo de Grupos de Música, Asociación Paso a Dos "Bailes de Salón", Asociación nazarena de amigos del Perro, Club de Senderismo Ateneo Andaluz, Asociación Cicloturista "Dos Hermanas a Pedal", Plataforma Aniversario Republica, Plataforma Nazarena por el Carnaval, etc.

En la actualidad conforman el Centro Cultural ademas de la Asociación Cultural Ateneo Andaluz los siguientes colectivos nazarenos: Asociación Fibromialgia Nazarena (AFINA), Asociación Padres Familia Separados (APFS), Asociación Cultural Factoría de Baile, Asociación de Inmigrantes y andaluces solidarios "un solo mundo" y Ecologistas en Acción de Dos Hermanas.

El Ateneo se financia de las cuotas de sus socios y socias y de las actividades que realiza. Somos independientes de partidos e instituciones y ello nos permite decir y hacer libremente lo que pensamos.

El Ateneo ha organizado además de Talleres Socio-Culturales, actividades diversas como Charlas y debates, Exposiciones de Artes Plásticas, Almuerzos Andaluces, Senderismo, CineClub, Cicloturismo, Visitas Culturales, Fiestas, convivencias y otros Eventos...

Mientras actualizamos esta WEB, trataremos de recuperar la MEMORIA de todo lo realizado en Dos Hermanas desde su nacimiento: Talleres, charlas, exposiciones y eventos donde el Ateneo Andaluz ha participado.

Pero para ello necesitamos de tu implicación, enviando fotos, comentarios, recordando eventos, etc. Puedes colaborar económicamente en este Proyecto Cultural haciendote soci@, realizando la DOMICILIACION BANCARIA. La aportación es de 30 euros al año. Y si quieres PARTICIPAR de alguna otra manera no dudes en ponerte en contacto con nosotras al correo-e:

ateneoandaluz@gmail.com

Pero todo esto la Asociación Cultural Ateneo Andaluz necesita de tu complicidad, y por esto pedimos tu colaboración, visitando asiduamente esta Web, recomendándola en tus listas de amigos, haciéndote soci@ y participando en las actividades que mas te interesen, realizando propuestas y, sobre todo, colaborando en la medida de tus posibilidades en hacer realidad este Proyecto que nos ilusiona cada día.

viernes, 23 de octubre de 1998

Presentacion Tertulia Literaria


Con esta actividad se pretende recuperar un espacio de producción y discusión literaria o crítica destinado a personas con diversas perspectivas y experiencias respecto a la literatura, y orientados al esclarecimiento de dudas acerca de la escritura y al desarrollo de un agudo sentido autocrítico en lo literario.
Los objetivos que se pretenden cubrir son estimular la sensibilidad poética y fomentar la creatividad literaria, de forma especial en el campo de la poesía. Conocer a fondo el lenguaje poético y sus posibilidades expresivas. Relacionarse con el lenguaje de una forma libre y enriquecedora y convencerse de que a escribir sólo se aprende escribiendo y leyendo.
El redescubrimiento de los poetas andaluces de ayer y de hoy es una de las tareas de este Taller.

miércoles, 9 de septiembre de 1998

INDICE DE ARTISTAS

Este espacio pretende ser una ventana en la Red, de los artistas y colectivos participantes en el MERCADO ALTERNATIVO DEL ARTE que organizamos mensualmente en DOS HERMANAS.

Para contactar envia un correo-e a ateneoandaluz@gmail.com o llamanos al tfno: 617 92 56 94



MACA ZAMORANO - pintora





RAFAEL GOMEZ ALAMO - Pintor





VIRGINIA DE GREGORIO VICTORIO - artesanía

jueves, 20 de agosto de 1998

Blas Infante: Síntesis del Ideal Andaluz por Manuel Ruiz Romero

El ideal político de Blas Infante, de superación de la dependencia económica, cultural y política de Andalucía, supone la recuperación de la memoria histórica de Al Ándalus, el estudio de las implicaciones actuales que la impronta de la cultura musulmana nos legó, y el rechazo a toda teoría centralista, basada en una hegemonía ideológica de lo cristiano que impone, menosprecia y rechaza. En una palabra: el falseamiento de la historia y la cultura de un pueblo para su mejor sometimiento. “Mejor es callar lo que supuso desde el alba del estado moderno la uniformidad religiosa determinada por la confesión central”.

A partir de sus contactos con los intentos regionalistas de principios del siglo XX en España, Infante elabora su teoría y práctica política. Es difícil encontrar incoherencias en su pensamiento o en su obra. Notario, investigador autodidacta, y “amigo de todas las revoluciones” se vincula al movimiento del nacionalismo andaluz al que dedicará sus fuerzas, recursos, estudios, escritos y su propia vida. Desde su radicalidad será rechazado, pero en los últimos días de su existencia será reconocido institucionalmente, y nombrado Presidente de honor de lo que podría haber sido, en Septiembre de 1936, el futuro gobierno andaluz de no ser por la guerra civil española.

Infante descubre Al Ándalus en la dialéctica del estudio del pasado, la observación de la realidad, y la búsqueda de futuro para la prostituida historia de Andalucía. Blas Infante encuentra tres momentos en los que Andalucía es una nación reconocida; en aurora protohistórica con Tartessos; luego, en la Bética senatorial, y en la etapa de Al Ándalus.

Su nacionalismo opuso el “Principio de las nacionalidades” de Wilson (1.918), como propuesta germánica, racionalista y cartesiana, al “Principio de las culturas” entendido éste como dinámico y revolucionario: el deseo voluntario de ser pueblo. En Al Ándalus encontrará una Andalucía islámica que estudiará a través de sus principales autores, con nuevos ojos, y elaborará su síntesis histórica, económica y socio-cultural de la que derivará gran parte de la Andalucía de hoy. La comprensión de esta etapa marginada será vía obligada en la recuperación de la conciencia de pueblo para el andaluz.

Fruto de esas horas de estudio, dará a luz su libro “Motamid, último rey de Sevilla” que él mismo publicará en su imprenta, fundada a fin de difundir la cultura popular entre el campesinado. En fecha aún no localizada por el biógrafo Enrique Iniesta, escribe un segundo drama también de temática andalusí, hoy aún inédito, “Almanzor”, en el que vuelve a recrearse en los contenidos históricos, artísticos y culturales de la historia del Califato. Entre sus escritos destaca la continua presencia de reflexiones y versos en lengua árabe, así como de etimología musulmana.

Su interés en torno al tema que nos ocupa le obliga a visitar el extranjero. Será en 1928 cuando marche al Al Garbe, en concreto a Silves, en Portugal, para asistir a un homenaje al rey poeta Motamid. En 1924 viaja a Marruecos en plena guerra colonial española frente a Abd el-Krim. Visita como peregrino en Agmat la tumba de Al-Motamid, último rey andalusí de Sevilla al que ya había dado vida a través de su pluma. El impacto de la visita, la Kutubía, las nubas, los apellidos y barrios andaluces en el Norte de África, serán motivo de estudios que darán lugar a nuevas teorías socio-políticas.

El afán de estudio por el esplendor de Al Ándalus, le lleva a estudiar la lengua árabe, aprendizaje que realiza con una suficiencia como para ejercer de docente en los salones del propio Alcázar de Sevilla. La abundancia de textos manuscritos en lengua árabe y que tratan temas islámicos en su legado de inéditos, nos da idea del interés de la persona sobre el tema.

Incluso, en 1931, las Juntas Liberalistas inician una campaña a favor de la construcción de una mezquita en Sevilla “no con ánimo de hacer profesión o confesión de una religión determinada, sino con el objeto de afirmar la libertad y pluralidad religiosas, elementos de síntesis de la Historia de Andalucía”. Para ello, elaboran un cuestionario para los lectores: “¿Qué lugar de Sevilla sería el más a propósito (sic) para situar el templo musulmán?¿De cuáles medios pudiéramos valernos para allegar los necesarios recursos?”.Al Ándalus como fundamento de la Andalucía del futuroPara Blas Infante, Al Ándalus es la continuidad del espíritu griego. El reconocimiento de una nueva influencia cultural y de una síntesis autóctona peculiar (aculturación). Quizás el hecho histórico que más estudia la obra de Infante es el de la llamada “invasión-conquista”. Punto en el que no sólo se adelanta a los investigadores de su época, sino sobre el que hoy en día aún no se han posicionado con sentido crítico muchas de las Universidades de Andalucía.

A través de los Centros Andaluces primero y de las Juntas Liberalistas más tarde, Infante promociona Andalucía como unidad distinta y viva; un pueblo debe ser culto e ingenioso. Trata de conseguir su liberación por medio de la fuerza cultural y renovadora. En gran parte de las actividades motivadas desde estas entidades, sus publicaciones, manifiestos y llamadas, se intenta conseguir la deseada concienciación del pueblo andaluz.

Aunque Al Ándalus no significa la Andalucía de hoy, no se puede despreciar el hecho. Algunos autores contemporáneos a Infante sugieren la necesidad —más correcta en esta línea— de afirmar que España capituló ante los musulmanes antes de hablar de conquista. Otros, como en el caso de Ignacio Olagüe, hablan de integración de la Península en la cultura islámica en lugar de ocupación armada. Al margen de las interpretaciones legendarias que justifiquen la presencia de musulmanes en la península, lo cierto es que no se puede hablar rotundamente de conquista.

El relato que hace Blas Infante de la llegada de los árabes a Andalucía es claro: los andaluces les llaman, tras los años de invasión de los ‘bárbaros’, y ellos vienen, “reconocen la tierra y encuentran a un pueblo culto atropellado, ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (¡14.000 hombres solamente!)”. Andalucía se levanta a su favor y, en menos de un año, 34.000 hombres consiguen establecerse en la Península Ibérica.

Los ochocientos años siguientes supusieron la inoculación de sangre semítica entre los andaluces, si bien Blas Infante sostiene que el ‘genio andaluz’ supuso la creación de un nuevo mundo árabe, tolerante y libre. Durante estos siglos los cristianos conservaron sus leyes, sus principios, sus tributos, sus cobradores...

“Ha flotado siempre, flota aún, sobre esta tierra hermosa y desventurada que hoy se llama Andalucía. Su sangre ha podido enriquecerse con las frecuentes infusiones de sangre extraña, pero sus primitivas energías vitales se han erguido siempre dominadoras; no han sido absorbidas, como simples elementos nutritivos, por las energías vitales de una sangre extranjera”.

Al Ándalus va a ser considerada como una etapa de libertad y brillantez cultural: “Lámpara única encendida en la noche del Medievo”. Desde un lenguaje no exento de crítica y lejos de visceralidades que provoquen subjetividad, sentencia Infante la cuestión afirmando: “Andalucía era libre; hoy es esclava”.

Durante estos siglos todos sabían leer y escribir, existía una gran actividad industrial, con modernos métodos agrícolas, “...y, sobre todo, aquel bienestar general que permitía ir a caballo a todo el mundo en lugar de ir a pie”. Andalucía brillaba con luz propia e iluminaba el oscuro pasado europeo: Córdoba “apasionada por las ciencias”, ciudad de bibliotecas, escuelas, academias, médicos y escritores ilustres; Sevilla con sus sabios: Abu Zacaría, Zeiat, Aben Motrif..., Granada, Málaga, Almería, Jaén..., todas con grandes personajes destacados en la ciencia y el pensamiento de aquellos años.

Para un planteamiento ‘oficial’, y presentado como científicamente serio, sólo se reconocerá la existencia de Andalucía a partir de la consiguiente ‘reconquista’. Pero no defiende Infante sólo la aparición de un Estado Al Ándalus (la nueva Castilla como se la llamaría después) como unidad cultural, definida aún por oposición en el contexto peninsular; sino también como el conjunto de aportaciones científicas con repercusión en lo cotidiano que trajo consigo esta permanencia en el tiempo. Hechos que están poco reconocidos, estudiados y en su justa medida valorados. Se potencia así al nuevo Estado castellano-cristiano como paradigma de la nueva realidad histórica que le toca vivir a Andalucía. La civilización andalusí, presente alrededor de cinco siglos en gran parte de Andalucía, se convierte en un paréntesis temporal de escasa importancia y despreciable interés.

“La historia del Islam peninsular ha sido descuidada durante mucho tiempo por el historiador profesional, el medievalista; quizás como resultado de la pervivencia, a través del nacionalismo (español) moderno de la vieja idea de ‘reconquista’, que tendía a considerar la presencia del Islam en la península como un accidente incapaz de sustentar derechos adquiridos de ningún tipo. Esto, unido a la falta de documentación adecuada, justifica el retraso de la investigación histórica sobre Al Ándalus”.

El auge alcanzado por las distintas capitales andaluzas Blas Infante lo considera como el principio de su diversidad:

“Andalucía es un anfictionado de pueblos, animados por el mismo espíritu y fundamentados en la misma historia; pero estos pueblos —ni por su tradición particular, la cual alcanza a distinguirse dentro de la unidad espiritual e histórica de Andalucía, ni por el carácter cultural de esa historia, que, al contrario de los pueblos de fundamento románico y gótico, no hace un fin esencial de la política— no pueden llegar a someterse a la regla inflexible de su estado político homogéneo. Puesto que, además, nos encontramos actualmente con el instinto de conservación de las capitalidades provinciales, las cuales, casi todas, han sido cabezas de reinos durante Al Ándalus, cada una de ellas debe llegar a constituir un Estado, el cual venga a reanudar la tradición de las pequeñas cortes erigidas en Academias, presididas por los príncipes. Esto no se opone a la existencia de una representación unitaria de Andalucía, en el orden político, constituída por delegados de los Estados andaluces”.

La convivencia, durante los años de Al Ándalus, de beréberes, árabes, gallegos, catalanes, eslavos,... e incluso tres religiones, judaísmo, cristianismo e islam, definen claramente el nacionalismo andaluz: ‘antibélico’, ‘acogedor’, ‘antirregionalista’ y ‘antinacionalista’, aspectos que quedan claramente reflejados en el lema “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”. Este lema, en palabras de Blas Infante no es una “fórmula arbitraria”, sino que se convierte en la “síntesis de la Historia de Andalucía”.

Es más, el castellano hablado en Andalucía —habla andaluza— se encuentra claramente influenciado por los ‘sonidos’ dejados por los árabes. En resumen, estos ochocientos años fueron de plena libertad, de desarrollo y expansión:
“Hay que aprovechar esos períodos libres —dirá— para reencontrar el río de la genialidad, fuerzas sociales culturales, para hacer del hombre andaluz, hombre de luz, como lo fue antaño, cuando fue capaz de crear un foco cultural como Tartesos e inundó el mundo occidental con la sabiduría de Al Ándalus [...] Recobrar la libertad andaluza no significa separación, insolidaridad, sino tendencia a fortalecer la fraternidad, pero siendo uno, en sí”.

La demostración de la existencia de Andalucía y por lo tanto del ‘genio andaluz’ —en definitiva, de la existencia, desde siglos atrás, de la conciencia andaluza— lleva a Infante al estudio de Al Ándalus. Estos años constituyen un ejemplo del amor a la libertad política y a la democracia de los andaluces. Así, es en estos siglos cuando más concretamente se puede apreciar la ‘libertad de conciencia’ propiciada en las escuelas cordobesas, mientras que en Oriente la intransigencia y el fanatismo son notas dominantes. Córdoba y Granada, de este modo, fueron los refugios del genio democrático griego “durante la barbarie medieval en el resto del mundo”, ya que fue tal la fuerza del genio andaluz que somete al árabe y lo diferencia del resto del mundo islámico.

Es más, Al Ándalus significó un hecho histórico “extraño a la España europeizada; algo completamente ajeno a Europa” . Por consiguiente, Andalucía es Europa y África, una unidad rota en lo natural, lo político, lo moral y social. No es de extrañar, pues, que entre sus propuestas políticas figurara la unión con Marruecos, dos pueblos separados geográficamente por el Estrecho de Gibraltar o “Arroyo Grande”, de Abu Bakr:

“¿Se comprende ahora bien por qué aspiramos a que Marruecos, el Marruecos hoy sometido al protectorado de España, llegue a ser verdaderamente protegido, viniendo a formar un estado autónomo federado con los demás andaluces, dentro del gran Artificio de Andalucía?”.

“En los hogares castellanos o españoles se ha sugerido (sic) siempre odio y desprecio al moro. En los hogares marroquíes, odio y desprecio al cristiano (español). Los musulmanes expulsados de la península y acogidos en Marruecos, legaron siempre a sus hijos odio eterno a la raza que les arrebató y expulsó de su patria resplandeciente, Al Ándalus”.
Teoría militarista
Justificada la presencia del Islam en la península sobre la base de contenidos militaristas, en la denominada ‘reconquista’ se recurre a todo tipo de tópicos para justificar los avances de pueblos recluidos durante siglos en la Cordillera Cantábrica. Así se legitimaba la recuperación de la unidad de España, el establecimiento de la monarquía visigoda, y la restauración de la Iglesia frente al Islam. Este último argumento hizo del solar ibérico un espacio de Cruzadas, paralelas a las que existieron en Oriente Próximo, y por ello incorporó a la causa recursos de varios países europeos. Este objetivo religioso sí pudo ser compartido por otros núcleos políticos más distantes, y llegó a ser el verdadero motor de la empresa.

Blas Infante rompe con el mito de la ‘reconquista’ cristiana y sostiene que esta ‘conquista’ fue fruto de la continua rebeldía y de esas incompatibilidades psicológicas que tan bien caracterizan al genio de los andaluces. Tras la conquista se produce el retroceso histórico de Andalucía. La opresión política provoca la expulsión de millares de andaluces (moriscos y judíos) y “un bárbaro régimen económico jurídico; que produce la opresión y la miseria, repartiendo el solar andaluz en grandes porciones entre orgullosos guerreros y vanos magnates, incapaces de trocar la espada por el arado, como los nobles árabes, ni hacer otra cosa que mantener sus tierras en inacción o cobrar las rentas a sus colonos”.

“Andalucía, con nombre islámico es librepensadora”; ahora “el robo, el asesinato [...] presididos por la Cruz [...] empiezan a quitarnos la tierra [...] distribuida en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras [...] Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a la esclavitud de los señores”

Según Blas Infante, en Sevilla, capital andaluza, durante los años de la represión de la Inquisición “Dos mil personas fueron quemadas vivas en los campos de Tablada [...] Se confiscó los bienes y encarceló a diecisiete mil”.

Tras la ocupación de Granada, las capitulaciones fueron rápida y sistemáticamente violadas por los vencedores, dando comienzo a un proceso de destrucción de la cultura andalusí, un genocidio social y cultural que empieza con las primeras deportaciones en masa y continúa con cargas económicas y prohibiciones legales.

“El pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que culmina después del triunfo de D. Juan de Austria y de las terribles depredaciones que hicieron decir a Mármol que los soldados del Rey eran tropas de delincuentes.”

Andalucía fue conquistada por Europa, resistió y aún continúa resistiendo su invasión y, por ello, jamás será Europa:

“Nosotros no podemos, no queremos, no llegaremos jamás a ser europeos. Externamente, en el vestido o en ciertas costumbres ecuménicas impuestas con inexorable rigor, hemos venido pareciendo aquello que nuestros dominadores exigieron de nosotros. Pero jamás hemos dejado de ser lo que somos de verdad: esto es, andaluces; euroafricanos, ‘euroorientales’, hombres universalistas, síntesis armónicas de hombres”.
Santiago Matamoros
En este contexto destaca el mito de Santiago ‘mata-moros’. Durante su visita a Galicia, Infante propone una revisión histórica de este mito frente a la actitud que entiende que todos los malos son dignos de la espada del santo cristiano. A su vez, los historiadores árabes llamarán ‘gallegos’ a todos sus enemigos.

Es probable que en el siglo VIII el Santiago bélico no hubiese penetrado en la literatura eclesiástica [...] medio siglo más tarde [...] será convertido en el ‘anti-Mahoma’ y su santuario en el ‘anti-Kaaba’.”

Mitos como el de Santiago fueron exportados a América a fin de poder predicar el Cristianismo “y enseñar a los indios que Dios no había muerto, sino que era muy valiente y esforzado” . La actuación de Castilla en el denominado ‘Nuevo Continente’ no puede comprenderse sino como una extensión de su conducta frente al Al Ándalus nazarí. No falta pueblo aquí, pueblo evangelizado y conquistado, que no posea “una imagen de un feroz español con una cruz en la mano y una espada en la otra, caballero en un caballo matando hombres”

En Pontedeume y en Unión de José Mas, Infante es testigo de una anécdota que hará contar en sus publicaciones y en su inédito “Almanzor”.El legado de Al Ándalus Toda la teoría política de Infante tiene siempre su proyección en la praxis cotidiana. Conjuntamente con las plataformas políticas y socioculturales antes aludidas que promovió, defendió con sus propuestas y actuaciones el legado de Al Ándalus en Andalucía.

En primer lugar, por la divulgación de estas teorías a través de conferencias, encuentros, e incluso por medio de su propia editorial, Avante. En segundo lugar, por las propuestas que se defendieron desde aquellos círculos andalucistas con respecto a la realidad sociopolítica de Andalucía.

Los Centros Andaluces constituyen un ejemplo de ello. Así, entre las medidas enunciadas en el Reglamento de la Sección de Sevilla aparece la de despertar el espíritu regional a través de la enseñanza de la historia. Se consideraba imprescindible la redención de Andalucía para que ésta obtuviese de nuevo el “centro de la civilización peninsular”. Siente la nostalgia de su grandeza pasada y se sonroja de su actual estado triste, fruto de la actuación “de una tiranía extraña al servicio de dogmas de barbarie, que vació sus ciudades populosas, expulsando a sus hijos y dejando yermos sus campos de jardines”.

Al Ándalus es así considerado como el referente histórico más destacado, donde el genio y la idiosincrasia andaluza se expresaron con mayor nitidez. Va a ser una constante en todos los programas: “Restitución a Andalucía de la conciencia de su personalidad cultural creadora en lo pasado, de las más interesantes culturas de Occidente”. A su vez, “la reafirmación consciente de las aspiraciones esenciales de Al Ándalus, traducidas con criterios modernos o actualistas”.

Los andalucistas defenderán un “Estado Federal que delegue en Andalucía las relaciones internacionales con los pueblos africanos y de Oriente”. Reclamando igualmente una máxima protección, por parte del “Estado Andaluz”, “de los andaluces musulmanes y moriscos expulsados del territorio peninsular”. El andalucismo como ideal cultural comporta un anfictionado de pueblos unidos por la cultura. Frente al Marruecos colonial de la época, Infante aspira a hacer de este territorio, “un estado autónomo federado con los demás andaluces, dentro del gran anfictionado de Andalucía”. Postura igualmente promovida por los andalucistas norteafricanos. Norte y Sur confederados y unidos por las aguas del Estrecho.

En el caso del Estatuto de Autonomía que Andalucía pudo haber tenido en la II República, Infante y los andalucistas promoverán que las relaciones con Marruecos se cedan a Andalucía, en tanto que las relaciones con este país deben volverse “de colonizadoras en fraternidad política”, a fin de que sea posible “una cooperación de fundamento cultural a base de la personalidad norteafricana en inteligencia federativa con Andalucía”.

Infante y la Junta Liberalista procuran en los sucesivos encuentros y consultas, que se cuente con “personas notables de nuestra zona de Marruecos, musulmanes y moriscos de procedencia andaluza”. Insistiendo en esta presencia en base a “la paz con Marruecos y la influencia de España respecto a Africa y al Oriente.”

A la hora de buscar los símbolos de Andalucía, Infante y los Centros Andaluces piensan en la Historia de Andalucía. Sus ideas a este respecto serán asumidas mediante Ley por la actual institución de autogobierno de Andalucía. Para el caso del escudo, el lema “Andalucía por sí, para España y la Humanidad”, y sobre éste, Hércules como símbolo “de las fuerzas de la vida Bética-Al-Andalus”, como “símbolo divino [...] que vive para crear la conciencia de la vida”.

“Los regionalistas o nacionalistas andaluces —sentencia Infante— nada vinimos a inventar: nos hubimos de limitar, simplemente a reconocer en este orden lo creado por nuestro pueblo, en justificación de nuestra Historia”.

Sobre la disposición de la bandera andaluza (tres franjas horizontales de igual anchura: verde, blanca y verde), aprobada en la Asamblea Andalucista de Ronda en 1918, algunos autores han asociado el verde al “estandarte de la dinastía Omeya, en torno al siglo VIII”, y el blanco a los ideales de reunificación de los almohades con los distintos reinos andalusíes en el año 1146 . Pero en cualquier caso es “símbolo de esperanza y paz”.

Ejemplos posteriores confirmarán estas versiones: ondea en la Giralda de Sevilla hacia el año 1198 para celebrar la victoria en la batalla de Alarcos, e incluso en el color de la mayoría de los estandartes andalusíes conservados hoy. Incluso apoyan esta tesis otros datos más contemporáneos aún.

Para finalizar este apartado, tenemos que aludir a la que va a ser la primera casa propiedad de Infante: “Dar Al Farah” (Villa de la Alegría). Construida por jornaleros, el edificio es una muestra de la admiración del propietario por el arte islámico. Entre los arcos de herradura, las columnas, y los frescos de esta vivienda —de planta sencilla, pero refinada en su decoración interior— abundan las inscripciones en árabe.
El flamenco como herencia cultural
Una de las intuiciones más importantes de la visita a Marruecos ocurre cuando Infante escucha una nuba. Cinco años después, y fruto de nuevo de su afán investigador, nacerá su “Orígenes del flamenco y secretos del cante hondo”. Identificando la nuba como un canto coral de la Andalucía del destierro, la asocia en su origen a un módulo de canto individual. La música de la Andalucía islámica, proscrita en época cristiana se vuelve en época actual canto de “intimidad trágica”.

Infante rompe con todos los precedentes flamencológicos. El cante flamenco con su ‘ay’ tradicional es el cante del ‘fellahmngu’, en boca de “los últimos descendientes de la cultura más bella del mundo, ahora labradores huidos expulsados”

Es el cante del destierro de un pueblo obligado a vivir fuera de su medio ideal: una forma de “liberar su pena prisionera”. Por eso, este cante es “una música democrática”. Queda perplejo: “La música andaluza, proscrita en la sociedad, viene a refugiarse en el individuo: deja de ser coral, se torna secreta, inaccesible, pero al mismo tiempo se intensifica..., es una intimidad trágica”.
El problema de la tierra
Para Blas Infante, “el problema de la tierra en nuestro país, originariamente, antes que ser problema agrario, es el problema de un pueblo privado por conquista de la tierra de sus mayores”.

El jornalero andaluz pierde su tierra y se convierte en el esclavo del nuevo propietario, situación que dio origen a la miseria del campesinado:

“‘La tierra de Andalucía para el jornalero andaluz’ es precisamente el imperativo que actualmente viene a contener la vindicación esencial de un pueblo privado de su tierra por la conquista cristiana o europea”.

“Los pobres andaluces [...]; los cuales, privados durante siglos —que duran aún— de la tierra de sus padres, se arrimaban a las vallas de los cotos cerrados, desecho el corazón en el llanto del Islam; apercibiendo, con los ojos apagados y los cuerpos macilentos, cómo el ángel negro del feudalismo europeo ordenaba el crecimiento de malezas y de eriales con la savia de este suelo nutricio de las culturas primitiva, antigua y medieval, más intensamente inspiradas en el Mundo por el anhelo santo de elaborar, en hechos vivos del Espíritu, la creación de un cuerpo al imperativo creador de Divinidad”.

Efectivamente, la reconversión del jornalero andaluz en campesino, propietario de su tierra, al igual que ocurrió durante el período árabe, se convierte en uno de los ejes centrales de su teoría política y del regionalismo en general:

“La aplicación del principio: ‘nadie debe tener la tierra que no pueda cultivar’; con la cooperación obligatoria para el alumbramiento y conducción de aguas, pudiéndose hoy llegar a extender la cooperación obligatoria, por la sindicación, para abonos, maquinarías, etc..

Viviríamos, así, conforme a nuestro genio verdadero: variedad; libertad para la variedad de municipios, de enseñanza y aprendizaje, de religiones, de justicia, de cultivos y de industrias, de inmigración y de emigración... Andalucía volvería a ser la gran maestra de síntesis, científicas, religiosas, étnicas..

Una Isla de Humanidad, en Europa, condenada a vivir entre dos mares y dos continentes, residencia del Espíritu, que a la coordinación fecunda de las variedades llama. Dios volvería a tener en ella su jardín. Y el efluvio de este jardín vendría a condensarse en una mágica palabra, mensaje de Andalucía para el mundo: la paz.”

La nobleza despojó a los trabajadores agrícolas de sus tierras y repartió grandes extensiones (latifundios) entre apellidos de linajes ilustres. “La tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía”, y encendió las hogueras de la Inquisición para “enormes falanges de esclavos jornaleros, de campesinos sin campos, campesinos expulsados”. La solución para la reforma agrícola en las tierras de baldío es bastante clara: “reforma de la agricultura, sin indemnización de los terrenos procedentes de la conquista”.

ConclusionesLa enorme importancia de la Andalucía árabe, y de su influencia en todos los ámbitos científicos, queda demostrada por la continua polémica que viene enfrentando a los partidarios de una historiografía que revisa la historia oficial, y a quienes defiendenlos enfoques tradicionales. La escuela arabista Francesa, en este sentido, es continuamente ignorada (Olagüe, Marcais, Dozy, Schack, Burckhardt, e incluso Leví-Provenzal), tal y como sucede con especialistas o con fuentes documentales árabes.

Blas Infante emerge en este contexto como un gran adelantado a su época. Desde su proyecto político, no deja de buscar el lugar digno que se merece nuestro pasado. Libre de tópicos, ideologizaciones por motivos religiosos, y exento de visiones centralistas.

Ninguna fase de nuestra historia es el paradigma de la Andalucía ideal: todos los hitos y la sucesión de culturas han contribuido a configurar la realidad andaluza. Infante describe su teoría política en favor del nacionalismo andaluz como la voluntad de ser por sí, de existir como pueblo diferenciado que surge de una memoria histórica, de una realidad cultural y de unos intereses comunes.

Este objetivo implica la aceptación y valoración en su justa medida de todos los pueblos y culturas que pasaron por esta tierra y dejaron su impronta para conformar una comunidad diferenciada, con personalidad e identidad propia, cuyo sustrato original, al mezclarse con otras aportaciones, actúa como catalizador que termina sintetizando y enriqueciendo esas aportaciones.

Afirmamos que Al Ándalus obtuvo un lugar destacado dentro del pensamiento político de Blas Infante. Para afirmar esto, no tenemos más que ver las continuas referencias que a este momento histórico hace el autor en su bibliografía.

Así, Blas Infante considera que la historia de Andalucía no comienza con la llegada de las tropas cristianas o europeas al suelo andaluz, con la amalgama de la ‘reconquista’, sino que los siglos anteriores fueron de una importancia tal que definen su ‘genio’, es decir, los rasgos diferenciales que la distinguen del resto de pueblos.

El líder andalucista no minusvalora los ocho siglos de presencia árabe. Redescubre un pasado fulgurante, brillante, donde los andaluces vivieron una época de esplendor con escuelas, tierras y cultura. “Un pueblo culto”, a diferencia de la oscuridad de la Edad Media europea. Al Ándalus se erige como la síntesis de las peculiaridades griega y romana. Sin embargo, sus sentimientos no se quedaron simplemente en la admiración sino que, a partir de estas ideas, extrajo sus conclusiones.

Es precisamente este punto el que lleva al ideólogo nacionalista a idear una Andalucía futura estrechamente relacionada con el Oriente, una región en la que Europa representa sólo una parte del hecho diferencial andaluz. Andalucía es Europa y África en uno.

No es de extrañar por tanto que la ‘conquista’ cristiana de Al Ándalus configurase la situación socioeconómica de la región a través de la implantación de un nuevo sistema de propiedad de la tierra basado en la explotación del jornalero y en los latifundios. Esta ‘conquista’ supuso un paso atrás en el progreso de la región, un paso hacia la miseria cultural y económica. Infante rompe de nuevo con el mito de la ‘reconquista’ como hecho que procura avance y progreso.

De igual modo, la interpretación de la llegada de los árabes al suelo andaluz también supone una quiebra de un viejo mito. La ‘conquista’ es entendida como mera asimilación, la venida como respuesta al llamamiento realizado por el ‘genio’ de los andaluces a las culturas vecinas para defenderse de los abusos ‘bárbaros’.
Manuel Ruiz Romero es Licenciado en Historia. Secretario del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (Apartado de Correos 2034 de Málaga), y colaborador honorario del Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Historia de la Universidad de Sevilla. Su correo electrónico: mansusi@gmail.com

miércoles, 19 de agosto de 1998

El Ideal Andaluz por Blas Infante Pérez

Presentación

Señores Ateneístas:
Este es el problema: Andalucía necesita una dirección espiritual, una orientación política, un remedio económico, un plan cultural y una fuerza que apostolice y salve.



Voy a presentaros un trabajo, hecho de prisa, por quien no pudiera realizar grandes creaciones con mucho tiempo, mucha calma y prolijo estudio. Voy a exponeros unas cuantas verdades sencillas, inducidas de hechos cuya observación y análisis pueden ser efectuados por las inteligencias más simples. Defenderé la virtud de aspiraciones ideales, ya conocidas a las cuales alcanza la reacción del espíritu, tras su impresión por las realidades contrastadas; y esborzaré, con un elemental criterio político, la concreción circunstancial de aquellos principios, en fórmulas prácticas, moldeadas por las exigencias actuales de la Historia; señalando entre ellos los procedimientos que a su actuación conduzcan, los menos embarazados con dificultades del momento social.


En esta empresa de afirmar las conciencias de todos para la gran obra que a todos nos aguarda, ponga cada cual su grano de arena, como yo lo pretendo ahora, con esta modesta intención de un esfuerzo humilde.


I. El Ideal


Todos vosotros concebís y sentís el ideal. Escuchad una pobre definición de cómo yo lo concibo y siento.

Ideal de la Vida.

La Vida está latente para crear la Perfección Absoluta.
La Vida es lo Relativo caminando a lo Absoluto en el vehículo de la Forma.
Cuando obra perfección, adelanta en el camino que conduce al fin. En definitiva, sólo triunfan los perfectos; y todos los seres sienten su destino en el triunfo de su esencia. El Proceso Total se descubre y comprende al apreciar el desarrollo parcial de cualquiera de sus manifestaciones, regidas todas por la Ley que, en la variedad, mantiene del Universo la Soberana Armonía. Savia de perfección es la Lucha.

Como, las plantas luchan, aspirando a explayar en el triunfo de la flor el resumen de aromas y colores que adquieren, conquistando su esencia a las sonrisas de la luz y al perfume de las auras, así la vida del Universo resume la lucha de todos los seres, aspirando a explayar sus conquistas en el triunfo majestuoso y definitivo de la Eternidad. Esto es, de la Perfección Absoluta.

La Vida, pues, tiene un ideal absoluto: la Eternidad; y un ideal próximo: la relativa perfección; y una base de inmediata defensa: la conservación de la perfección y vida-ganada. Al primero, responde el destino que sienten los seres; al segundo, y a la última, hasta que el ser llega a hombre el instinto que a la lucha por el triunfo y por la vida los arrastra.


Ideal humano. Su génesis. Sus factores. Su modo de actuación


Así la Ley que en la esencia de todo lo que es, alienta, imprimió a cada uno y a todos los seres que constituyen el Universo; un movimiento dirigido hacia las avanzadas de la Vida. En la Tierra, la representa el hombre, que es la vida en llegando a la consciencia y a la libertad. Cuando el ser se conoció libre fue hombre; y desde entonces es hijo, principalmente, de sus propias obras.



Porque la libertad es la unción con que la Ley consagró su soberanía. Pero llega el hombre a conocer la razón de la libertad (poder crear o luchar, por libre amor), y cuando ya no presiente, sino que penetra, la razón de su destino creador (perfeccionar la creación, continuando la Obra), corre hacia él, aceptándolo, con gratitud a la Creación que lo produjo, y por amor, a su propia dignidad que a crear le empuja; y a la perfección en que la actividad creadora de la vida se revela, ofreciéndole visiones y goces parciales, como vislumbres de la Obra en el Fin. Y entonces, con respecto a los seres engrandecidos por razón de aquel conocimiento, ya no se precisa de la religión del Temor. Ellos, por consciente amor, se conducen y crean. Se conocen a sí mismos, como alientos soberanos de la vida universal; como la resultante libre, por ser perfecta, del proceso desarrollado por la lucha depuradora, y no ignoran la dignidad ni la responsabilidad de su rango director, como representantes de la Vida, en sus puestos avanzados. Por esto, como a sí mismos, la aman, sintiendo su hermandad con los seres de su especie, con los seres y las fuerzas de su mundo, y con todos los seres, y todas las fuerzas y todos los mundos; y, por esto, como por sí mismos, ofrendan sus amores en el ara de la Vida Universal, subyugando, para cumplir su destino, por la Virtud de su consciente esfuerzo, las fuerzas ciegas (externas o internas, instintos), que arrastran, tras lucha gigante, encadenadas al carro espléndido de sus triunfos gloriosos.


He aquí cómo la obra Creadora, para ser perfecta y continuar avanzando hacia la Perfección, produjo el efecto maravilloso de un Ser Creador, que tendrá su gloria en el goce de su propia Creación, como la Vida, por sus representantes, la tiene, ya, en el goce de la suya.


Encadenar las fuerzas ciegas, ordenándolas al cumplimiento del Destino Humano, es crear fuerza consciente.


El Pensamiento, para aquel fin, idea, explora y descubre la nueva conquista que es preciso efectuar. La Lucha consciente, la lucha creadora, responde a la ideación del pensamiento. Así, el hombre avanza, poniendo nuevos jalones, desde los cuales descubre horizontes nuevos en la ruta de su Fin.


Porque el conocimiento de éste no puede ser absoluto. El Ser humano dirige la vida desde el instante fugaz de lo Presente, que palpita, corno decía Carlylc, en el punto donde dos Eternidades confluyen, y desde esc balcón, no alcanza a descubrir el Principio, oculto en el fondo de las sombras, que pesan sobre el seno fecundo de la Eternidad pasada; ni el Fin, escondido tras los vagorosos velajes de esperanzas, que velan el seno virgen de la Eternidad futura.


Sólo alcanza a ver una porción de camino definida; es decir, la perfección se presenta concretada en una fórmula que podemos parangonar al límite de la extensión descubierta; a ella conducen otras, que son como ideales más próximos y secundarios, jalones o grados completos de perfección. A esa concreción circunstancial del Fin, corresponde un amor también concreto, condensación del sentimiento del destino que alienta en todas las condensaciones de la vida universal.


De lo dicho se desprende que el ideal humano es distinto del ideal absoluto de la vida (la Eternidad), y del objeto inmediato que ésta cumple a través de todos los seres (la Lucha). Es un ideal lejanamente mediato para dar amplio margen a la libertad. El hombre puede, contemplándole, responder a los imperativos de la conciencia o las exigencias del instinto; aceptar los dolores del parto creador, cuyas explosiones hasta las alturas del Ideal elevan, a abandonarse al sueño de no crear, por el que descienden los seres hasta el abismo del ser incapacitado para obra creadora.


Consecuencia de ser mediato, el ideal humano es concreto, es decir, formal; para excitar todas las fuerzas que en el hombre existen: las del cerebro, las de la fantasía, las del corazón. No hay idea como esa idea que fulgura en la chispa engendrada por el pensamiento, cuando rasga las sombras de la Historia y escapa buscando la radiosidad del Fin, como, nostálgico del sol perdido, parte, ansioso de la luz lejana, el insecto sumergido en la oscuridad del campo. No hay sentimiento como ese sentimiento que ofrenda a la idea un trono de amor. Así se concentra el vago sentimiento del destino para rendir culto al ideal; como al encontrar al amador el ser amante, recoge, en un núcleo de fervores, todas las energías de su amor, repartidas por la Naturaleza. No hay fantasía como la fantasía que troquela aquella idea al calor de este sentimiento; ni fuerza gigante que pueda oponerse a la fuerza invencible de esos fantasmas gloriosos que, rebeldes al Tiempo, acuden, invocados desde lo Porvenir, pugnando por encender en su luz las tinieblas del Presente enemigo que les ahoga. Nada pueden los desgarramientos de todos los martirios; nada las caricias de todos los amores. Los fantasmas del ideal sobrenadan, triunfantes, en la sangre de las hecatombes humanas. Su grito de combate se yergue victorioso sobre los ecos de todas las voces potentes. Mueren los profetas... perecen los apóstoles...; pero, hasta el Fin, resurgirán los profetas. Cristo resucitará siempre de entre los muertos. Su hábito sagrado en todo tiempo levantará la pesada losa del sepulcro, arrojándola sobre los asustados guardianes. Pero, hasta el fin, sobrevivirán los apóstoles. Siempre, mientras el hacha del verdugo tenga filo, encontrará la cabeza de un apóstol aguardando reposada sobre el tajo de la muerte.


Yo creo en la fatalidad de la muerte por la vida. Aquélla existe sólo como condición vivificadora. A través de los cataclismos, la vida triunfa por el renacimiento. Así, entre los hombres, triunfa de la tiranía por la libertad, de los egoísmos por el amor. Por esto, antes perecerá la Humanidad que el Ideal no encuentre una voz en que modular su eterno canto a la perfección humana. Mientras exista un solo hombre existirá un alma generosa en que tallar un altar para ofrendar el sacrificio.


El conocimiento de nuestra propia libertad es gradualmente adquirido. Todavía es muy imperfecto. Mejor dicho, nuestra libertad es muy imperfecta, porque su antecedente es el conocimiento. Ignoramos la transcendencia de muchas causas, cuya apreciación, el Progreso, hace cada día más posible, aumentando la esfera de la Libertad.


El Ser, hasta llegar al Fin, será sólo, principalmente pero nunca en absoluto, hijo de sus propias obras, porque hasta que el conocimiento y, por consiguiente, la libertad sean absolutos, la Ley seguirá actuando por la fuerza ciega que mantiene el dinamismo biológico y que en el instinto se condensa; aunque cada día su influencia disminuya en el avance del término libre de la Evolución. El conocimiento engendra amor y libertad, y el libre amor sustituye al instinto. La Lucha no es ya por la vida, sino por su imperfección, para la cual se vive. Resultado, el Ser más perfecto, hijo de la Libertad.


Aunque sólo una ínfima minoría de entre los hombres conoce la razón de su libertad y la de su destino creador, hablo de la especie, en general, para no distinguir distintos matices o grados de hombre, y porque indudablemente, es un progreso de la especie el alcanzado por esos sus representantes.


La vida hoy goza, principalmente por el hombre, sobre la tierra, de la obra de su propia evolución, recreándose en la perfección de las formas; de las esencias de los mundos, de los seres creados por la evolución de la vida; resúmenes de perfección alcanzados por ella en este momento del mundo. Más allá de éste gozará también de la perfección adquirida en el momento universal. Pero el hombre no sólo goza de la obra de la vida, goce que en cierto sentido puede atribuirse también a los demás seres. El hombre goza, además, de su propia obra o creación, elaborada por su especial progreso.


La virtualidad para la regresión de las fuerzas ciegas internas disminuye tanto como aumenta la consciencia, o sea la virtualidad del ser para el progreso, cuando aquéllas son ordenadas o sacrificadas a un fin de perfección. Este mismo efecto de aumentar la consciencia produce la ordenación aun de las fuerzas ciegas exteriores al hombre, para el cumplimiento del destino humano, no sólo porque la obra de perfección de esta naturaleza (cualquier monumento artístico u organismo material que traduzca conquistas del Arte o de la ciencia) tiene sus antecedentes en la depuración del ser que la dirigiera o creara, sino porque al reobrar de toda obra perfecta (desde luego, que no hablo de perfección absoluta) sobre el espíritu de los hombres, produce el efecto de engrandecerle, tendiendo a despertar en el mismo la consciencia del destino y el deseo de realizarle. En este sentido, hemos asegurado que, de un modo directo o indirecto, encadenar u ordenar las fuerzas ciegas al cumplimiento del destino humano, es crear fuerza consciente.

Sentido objetivo del Ideal.

Considerémoslo ahora en su sentido objetivo, en lo contemporáneo, tal como alcanza a descubrirle la miopía de mi inteligencia. El Ideal puede concretarse en una fórmula amplia, expresiva no sólo de sustantividades ideales, próximas o lejanas, que se perciben, más o menos borrosamente, en el camino del Fin, sino que, también, del medio, cuya práctica a éste siempre conduce. Espiritualizar la Forma. Formalizar el Espíritu.

En esta síntesis superior todos los ideales se funden. La ciencia, el arte, la moral, aspiran a penetrar el misterio de los arcanos, que son dominio de la eterna sabiduría; y a encarnar en la Forma, trasladando a la tierra el Poder, la Belleza, la Justicia, cuyas fuerzas se creyeron, un día, privativas de un centro de Gloria, puesto en el cielo. Así, hasta éste, elevan la Forma espiritualizada por la encarnación del Poder, de la Justicia, de la Belleza. Transformar la Tierra en Cielo, que es llevar, al Cielo, la Tierra: He aquí la obra creadora reservada al Titán.



Ideal de los individuos y de los pueblos.

Este ideal de los individuos es también el ideal de los pueblos. En el criterio que preside a la moderna concepción de la historia, se aprecia cuanto es, en lo presente, la virtud de esa verdad que claramente se vislumbra. Sólo se busca el resultado de la depuración de los hechos históricos, concretada en esta síntesis: "espacio recorrido de esa senda (ciencia, arte, moral, civilización) que es la senda del progreso".

Jesús tuvo conciencia de este ideal, claramente definido en los tiempos modernos, que santifica la vida y vivifica la Santidad, cuando pedía en su sencilla oración que la voluntad eterna, fuente de los Poderes, de la Belleza, de la Justicia, es decir, de la Flema Gloria, imperase lo mismo en el cielo que en la tierra, y cuando profetizaba a sus discípulos: "Se acerca el reino de Dios".

Los individuos y los pueblos víctimas de aberraciones, pueden perseguir, accidentalmente, ideales, mejor dicho, aspiraciones o fines contrarios al ideal. Pero tales aspiraciones no se pueden denominar propiamente ideales humanos, sino todo lo contrario. Son fines regresivos, cuyo triunfo implicaría, lejos de una exaltación, una pérdida del rango ganado por el ser, con el que he procurado sintetizar en la fórmula expresada. "Formalizar el espíritu: espiritualizar la forma". La Historia existe por ese ideal. A través de los hechos históricos se descubre a la humanidad avanzando hacia él trabajosamente.

Ideal de las naciones.

Un pugilato constante está latente y se desarrolla entre los individuos, aspirando todos, en la realización del Ideal humano, a explayar, en su esfera propia, el triunfo de su personalidad. Esto mismo sucede con las naciones.

En estas, del mismo modo que en los individuos, a través de las convulsiones internas que las agitan, se descubren, en último resultado, encontrados movimientos de la conciencia colectiva, impulsores de la lucha o sancionadores de la quietud y aun de la abdicación. El alma nacional tiene, a veces, trágicos desperezamientos, cuando despierta arrebatada por el ansia de triunfo, ante el espectáculo de esa lucha sostenida, sin cesar, por los demás pueblos de la tierra.


Ideal de España.

España, en el pugilato de las naciones, no hace pesar su potencia creadora. El triunfo de la civilización moderna no es español. No son los ecos poderosos de la voz de España los que vibran en el grito de victoria que afirma sobre el planeta sojuzgado el avance de la especie. Sin embargo, la ausencia de España se nota en el concurso civilizador.

Esa victoria necesita ser saturada con la sublime esencia de un idealismo caballeroso. España se desangró de un rudo batallar de siglos, tras los fantasmas desvanecidos de un ideal equivocado. A pesar de las cien derrotas, viven en el fondo del alma española un ansia perenne de robusta idealidad. Del aliento de esa alma necesita la civilización; como necesita el equilibrio que supone la vida mundial, del término necesario de un idealismo inquebrante. Tal vez por esto, por ese instinto conservador del bien, que al hacernos sufrir ante las grandezas caídas nos habla de la necesidad de la Virtud de la Grandeza, las naciones contemplan el resurgir de España con respeto y simpatía.

He aquí la razón de la inmortalidad de nuestra raza. No sólo damos al mundo Quijotes locos. También podemos ofrendar al Ideal Quijotes cuerdos. España es la patria de Alonso Quijano; pero también lo es de los Rodrigo Díaz. La civilización, el concierto de las naciones tiene necesidad de un pueblo que encarne el espíritu de un Cid, nivelado un grado menos de aquel que alcanza la locura sublime, a veces trágica, cómica a veces, pero siempre excelsa del Ideal. Falta un espíritu de abnegación y justicia que combata por Amor, y que, lejos de absorber en ajenos jugos la constancia y los alientos precisos para sus grandes empresas, prodigue en estas, sin cesar, las energías inagotables del Tesoro de su fe. Por esto es preciso que España no muera: por esto es necesario que el Cid vuelva a cabalgar: pero no para ganar batallas campales, sino para vencer en la Gran Batalla de lo porvenir, donde todas las naciones contienden. En la Gran Batalla por el Progreso.

El ideal de España está, pues, en arribar al pugilato manteniendo entre las naciones, con fuerzas bastantes para sellar con su triunfo la realización del Ideal Humano. En esta fórmula, se comprenden un Ideal próximo y otro remoto, medio y fin que habrá de practicar o perecer.

Hay que igualarse en la fuerza a las naciones que contienden; y téngase presente que la fuerza, cuando se habla del Ideal, es la fuerza de la cultural Moral y Física, es la fuerza de la Civilización; no la fuerza bruta subordinada a aquella fuerza, y de la cual, ésta, debe valerse como instrumento, para barrenar obstáculos históricos, que, sólo por este medio, son conmovibles. Únicamente en este sentido puede admitirse que es preciso europeizar a España: en que hay que elevar su nivel de cultura, su nivel de civilización, a la altura de las primeras naciones del mundo. Pero sólo en la intensidad, no en la cualidad. Esta ha de ser obra exclusiva de nuestra raza; como lo será también el alzarse sobre ese nivel y rebasarle, para conseguir el triunfo sobre todas las demás naciones. El proceso denominado de europeización ha de circunscribirse a dotar a España de la civilización de Europa (o por mejor decir, de los pueblos más civilizados del mundo, pues ya la hegemonía escapa de manos de Europa), pero sólo en lo que aquella civilización tiene de Universal; es decir, en cuanto suponga elementos de fuerza indispensables para la realización del Ideal Humano. El genio que ha de desarrollar e impulsar esa fuerza, cualificándola en los matices de creaciones originales, ese lo tenemos nosotros. Importarlo de fuera, equivaldría a la anulación, a la muerte por indignidad; a negar la misión histórica, substantiva e independiente de nuestra raza; o, lo que es lo mismo, a desconocer los fueros de su personalidad creadora. El genio español es el sagrado depósito que nos ha sido confiado por la Naturaleza y la Historia como acicate de nuestra vida, vinculada en la santa aspiración de desplegar su gloria en la hora suprema del triunfo definitivo; y este triunfo no será nuestro si en vez de ostentar en la lucha el carácter de factores activos y originales, renunciamos a nuestra propia personalidad y nos convertimos en instrumentos de las inspiraciones de un alma extranjera.


Medio de cumplir el ideal español.

Para cumplir ese ideal próximo, ese grado completo de perfección que alcanzaría al nivelarse con las más fuertes naciones. España necesita de la creación y desarrollo de fuerzas privativas suficientes.

Las unidades superorgánicas están constituidas por la suma de las fuerzas individuales más afines, y tienen por objeto robustecer esa suma, por el reobrar de la misma sobre sus componentes para la realización del Ideal Humano.

De este modo, la fuerza general, el hálito de la conciencia general, es el complemento superior de las particulares deficiencias.

Y esto que sucede con respecto a los individuos, relativamente a la más inmediata unidad superorgánica (la familia), ocurre con respecto a ésta, relativamente a las unidades superorgánicas superiores, y así hasta llegar a la Sociedad Nacional, a la Supernación y a la Humanidad. Las familias serán fuertes si lo son los individuos; los municipios, si lo son las familias; las regiones si lo son los municipios; las naciones, si las regiones lo son.

En último término, la fortaleza de todas estas sumas es la de sus componentes hasta llegar a los individuos, así como el fin de éstos (el ideal humano) es la razón de su existencia. Pero para suplir con este objeto las deficiencias particulares, convergen los elementos individuales en el seno de las unidades superorgánicas, y éstas en el de sus componentes superiores. Por esto, los componentes necesitan de su recíproca variedad. Sólo estando en la suma representados todos los matices, podrán encontrar mediante ella su recíproco complemento. Además, sin variedad, la vida, que en su aspecto adjetivo es un contraste de fuerzas engendradoras del movimiento, no existiría en el seno de las unidades superorgánicas. De este modo, respecto a los compuestos sociales, el progreso actúa y se mantiene por diferenciación, conforme a la ley de Spencer. ("Toda causa produce más de un efecto; toda fuerza más de un movimiento") sin ella, sin la variedad o, mejor dicho, sin su resultado convergente, las creaciones serán homogéneas, por ser aisladas; el progreso carecería de motivos, los cuales, en la esfera de que nos venimos ocupando, no son otra cosa que resortes creados por el medio social. Los compuestos, por consiguiente, lanío son ricos por la intensidad como por la cualidad.

De lo expuesto se induce que si a ellos importa la fortaleza de los factores, que es su propia fortaleza, a éstos no menos importa la del compuesto, cuyo reobrar les fortalece. Pero hemos visto, incidentalmente, y ahora directamente afirmamos, que, entre los compuestos sociales, existe un enlace más o menos inmediato, producto de una gradual subordinación natural, que constituye el cauce por donde natural y normalmente asciende o desciende la vida que entre ellos mantiene la relación. Cada unidad, en esa escala es receptora, y engendradora de fuerzas que, a las más próximas, comunica; y claro es, que para lodos los fines son ellas las que se han de relacionar primeramente.

Las naciones son unidades que deben ser inmediatamente Constituidas por las fuerzas regionales más afines, con el objeto y fin que dejamos dicho al tratar, en general, de los compuestos superorgánicos.

En la normalidad, a ellas importa, por consiguiente, inmediatamente el fortalecimiento de las regiones, que implica el de las demás unidades, hasta llegar a los individuos, primer eslabón de la serie; así como a éstos interesa el de la Nación, que supone también el de las unidades intermedias.

Como tender a la Normalidad, esto es, al imperio de la Naturaleza, es tender los brazos a la vida, he aquí por qué España, para realizar su ideal próximo, ha de procurar encontrar la fuerza necesaria en el fortalecimiento de las regiones.

Hasta en el átomo alienta la heterogeneidad convergente, madre de la vida. Los modernos descubrimientos relativos a la materia radiante parecen confirmar este postulado. El elemento más simple, el electrón, esto es, la homogeneidad aislada, supone el término de un ciclo de combinaciones; es decir, la disgregación y muerte de la materia.

Decimos deben ser, porque la Historia, contraviniendo la ley natural, demuestra muchas veces que las naciones no están constituidas por las fuerzas regionales más afines. Por contravenir la Naturaleza, la obra de las naciones así formadas (v. gr., Austria) no puede ser tan eficaz como la de las compuestas por dichas fuerzas.

En primer lugar se opone a ello la natural antisolidaridad y división latente en el interior de las mismas: la enemiga y guerra consiguiente.

En segundo, las creaciones propiamente nacionales no pueden existir, ni la unidad de fuerza que requiere un entusiasmo propiamente nacional, ordenando el triunfo de su genio. Y así sucederá hasta que la historia común funda en su crisol (mezclas de razas, instituciones comunes, ele.) las desigualdades existentes.

De naciones (como Italia y Alemania) compuestas por elementos afines, cuyos componentes han clamado de un modo espontáneo por su unidad, es lo porvenir. Continuidad de territorio y afinidades de fondo psicológico, sobre todo (sin negar la influencia más secundaria de tradiciones, sangre, lengua y creencias comunes), son condiciones que exigen (sin perjuicio de ser a veces incumplidas en la práctica) la convergencia de los elementos que las vinculan, inmediatamente en los compuestos nacionales. La concurrencia de ambas determinan la necesidad de la nación. En la Naturaleza, forman en la solidaridad de los compuestos las fuerzas más afines en cualidad y más próximas en el espacio.


Ideal de las regiones españolas.

Pero ello no tendrá lugar si las regiones no aspiran al fin de fortalecer a España; porque el alma española no es otra que el resultado de la convergencia, en la suma, de las energías regionales. Cuando éstas sean fuertes y definan vigorosamente los imperativos de la propia conciencia, entonces aquélla, robustecida, reobrará con aliento poderoso sobre las regiones y se impondrá el imperativo de la conciencia nacional dentro y fuera de España. Las regiones, por tanto, no han de esperar a ser redimidas por la nación, sino que, al contrario, por ellas ha de ascender la fuerza inicial por cuya virtud se redimirá la patria. Suprimida la esperanza de la ayuda ajena, surgirá la confianza en la propia virtud; pero ésta no ha de rebasar, al fijar la meta de su desarrollo, el siguiente límite: "Vivir, por sí, para España".

Una región española que quisiera, directamente, vivir como nación, pronto languidecería, o sería incorporada a otra nación, en cuyo armónico engranaje regional se introducirá a lo sumo; y entonces, como elemento extraño, falto del complemento preciso, arrastraría una vida miserable. Lo primero, por la tendencia a lo homogéneo de la individualidad aislada; por la necesidad de contrastes y de complemento recíproco en todos los elementos que constituyen esta sociedad natural de regiones que se llama España, creada por la influencia recíproca de la Geografía, de la Psicología y de la Historia, determinadoras y compenetradoras de las más próximas afinidades; lo segundo, porque en las actuales circunstancias de la historia internacional, esas asociaciones naturales superiores, a más de al fin permanente de progreso, responden al transitorio de defensa, resguardando a sus componentes de posibles rapacidades. Portugal violó el sagrado de la patria Ibérica, no emancipándose, sino rompiendo los vínculos naturales que la retenían en el seno común de la gran familia hispánica. Renegó de la Naturaleza, se colocó fuera de sus Leyes en cuanto ofrecen la necesidad de los imperativos, y fue a caer en el círculo donde actúa la fatalidad de sus sanciones. Y Portugal, como dice un escritor, que no quiso ser miembro de una gran familia, cayó en la esclavitud de un gran señor.

Y es que, en España, las regiones podrán denominarse naciones, pero sólo en cuanto se considere como supernación a España. Porque las regiones pudieron ser naciones en una época en que éstas no precisaban de la heterogeneidad interna que supone la complicación regional; pero, ¿qué diríamos de los que hoy pretendieran romper los lazos de subordinación que unen a las familias con respecto a las ciudades, a éstas, con respecto a las naciones, invocando la razón de su antigua o ancestral absoluta independencia? Si el progreso actúa por diferenciación, ¿cómo no han de ser los organismos de sus últimas épocas más complejos que los anteriores?.

Las regiones estarán más o menos determinadas geográficamente en esta España que fuera un día un continente en miniatura, según frase del ilustre Costa. Pero en ninguna otra parte de la extensión del globo ha señalado la naturaleza, de un modo tan distinto, el solar de una gran nación.

En las diferentes regiones habrá predominado una raza determinada; pero si a las razas (mejor dicho, a los tipos antropológicos) las funde un hombre, ¿no va a fundirlas la Historia? Lo que, por ejemplo, hizo Manco-Capac en el Perú, Mahoma en la Arabia, ¿no habrán podido realizarlo en un territorio demarcado con trazos vigorosos por su topografía, tantos siglos de luchas por un ideal común con el antecedente de una común ascendencia en el sedimento general de los pueblos iberos y de las capas étnicas depositadas por distintas y generales dominaciones? ¿Puede existir un crisol más poderoso? En otros que no lo son tanto, de la fusión de los pueblos y de razas más distintas ha surgido un espíritu nacional. No existen, dice Topinard (Antropología, capítulo X), raza alemana, ni francesa, ni inglesa, sino alemanes, franceses, ingleses. Francia misma, cuya nacionalidad es tan homogénea, ¿de cuántas razas diferentes no costa? Ascendencia de Kimris al Norte, de germanos al Este, de normandos al Oeste; de celtas en el centro, de vascos al Mediodía, por no contar sus otros tipos de diferenciación étnica. ¿Y se puede decir por esto que existen distintas naciones en Francia?

Porque todas las regiones podrán tener una historia nacional, pero la historia del espíritu español, la Historia de España, ésta sobre todas, alienta sobre todas las historias regionales. Los colores de las banderas serán distintos; pero uno es el genio que triunfa con el Campeador, con el gran Pedro III, con Gonzalo de Córdoba, con Hernán Cortés. Todos ellos conquistan reinos sin soldados, porque son soldados escogidos del Ideal, y para triunfar, les sobra fe.

Si hasta los reyes moros de Valencia hubiera arribado la leyenda de un hombre capaz (Pedro III) de recoger el guante que arrojara, desde el patíbulo, un príncipe inocente (Conradino), inicuamente ajusticiado por los más altos poderes espirituales y temporales de la tierra, y de defender y de ganar, abandonado de propios y de extraños, solo, contra todos ellos, desde unos riscos, el noble reino conquistado por la sangre de sus mayores, aquellos reyes hubieran asegurado que ese gigante era el Cid.

Si un Felipe el Atrevido, o un Martín IV, o algunos de los famosos cruzados defensores del rey Chapeo hubieran sabido de un Caballero que por resguardar la justicia de la sombra de un crimen (El Cid, de Santa Gadea) aceptara el ser extrañado por la patria, conquistando para ella, sin embargo, en el destierro reinos y ciudades, con el solo esfuerzo de su brazo invencible, todos convendrían en afirmar que el caballero capaz de desarrollar tanta fortaleza no podía ser otro que Pedro de Aragón.

Si en la Grecia del siglo XIV se hubiera profetizado que andando el tiempo, en remotas lejanías, un centenar de hombres había de conquistar para su Nación, la inmensidad de un Gran Imperio (Méjico y Perú); Grecia hubiera asegurado que sólo había unos titanes capacitados para tal empresa. Los catalanes vengadores de Roger de Flor.

Y si allá, en los imperios de los Moctezumas y de los Incas, se hubiesen cantado las proezas legendarias de un puñado de héroes (los catalanes en Grecia) que batiéndose entre Imperios enemigos donde no alcanzan los auxilios de la nación propia, y sí el combatir de muchas ajenas, aún tienen alientos para conquistar el centro mismo de la antigua patria del arte y de la Civilización, Méjico y Perú, habrían firmemente creído que esos titanes no habían podido ser otros que los Españoles de Pizarro y de Cortés.

Véase si existen sobre la superficie de la tierra naciones o regiones regidas, no sólo por un tan alto, sino por un tan igual espíritu. Habían de estar las regiones Españolas situadas en los más opuestos puntos del planeta, y aún mostrarían su unidad por la virtud de esta sus poderosas y claras afinidades.

En todos estos representantes del genio español se descubre la misma fe inquebrantable que constituye la característica de la psicología nacional en el triunfo del Ideal, puesto por ellos principalmente, en el rey y la patria, sobre las cuales, completada la conquista de aquella, afirmó Castilla el Ideal Católico.

El individuo cede al apóstol. La ingratitud siempre encuentra a la lealtad. A Alfonso VI sucede Fernando V, a Ruiz Díaz de Vivar, Gonzalo Fernández de Córdoba.

"Defenderé a V.A. hasta quedar reducido al fuste de Gonzalo Fernández", decía al Rey Católico, el Gran Capitán. Y, en verdad, que, entre las naciones, por defender su ideal, a eso, al fuste de un simple y obscuro soldado de las últimas filas, dirigido y no director ha quedado reducida España. Pero, ¿es, esta razón para destruir lo que resta de su personalidad o es sólo motivo para aspirar a que, por honra y bien de todos, renazca su gloria y su grandeza?

Comunidad de raza y de historia debatiéndose en un mismo medio geográfico hicieron brotar el alma española en este glorioso solar de Iberia. Podrán las regiones renegar del hogar común, de la tradición, y de la sangre; tres afirmaciones rotundas con que la naturaleza defiende los últimos hálitos de la vida, y asegura el renacer de ese genio necesario, para el Progreso de la civilización; pero, por el triste y vivo ejemplo de la, a pesar de todo, región hermana, de la protegida Portugal, pueden llegar a saber cómo la eterna justicia siempre encuentra un ejecutor de sus supremos fallos; cómo nunca falta un Inglés o un Francés, en suma, un instrumento para castigar en los pueblos, al igual que en los individuos, los atentados de esa naturaleza.

En España, pues, sólo regiones, hay. Sólo regiones puede haber. A las regiones se presenta, inmediatamente, como fin, al cual deben ordenar sus energías, el fortalecimiento nacional, del mismo modo que, siempre, el de la unidad superorgánica inmediata superior, se presenta, en tal concepto, a la inferior, hasta llegar al individuo, base prima de toda fortaleza social.

En todas ellas ese fin, lo es, por ser aspiración, no exclusiva y accidental, sino colectiva y permanente, de alcanzar, mediante el cumplimiento del mismo, la consecución de un medio superior de realizar el ideal Humano. Para cumplir esta aspiración, las regiones han de procurar robustecer el matiz que encarna su propio genio regional; pues, este resultado, implica una base; el desarrollo de todas las energías vitales que les sean privativas y su ordenado encauzamiento; dado que, en tal término, deben desembocar aquéllas naturalmente; y una consecuencia: el desarrollo de las fuerzas espirituales correspondientes a ese matiz, y su tendencia a la expansión por todo el ámbito nacional; lo que traerá, corno secuela necesaria, el contraste de todas esas fuerzas, que lucharán, como las demás realidades, por imponer cada una el sello de su originalidad al alma de la nación; y triunfar en el triunfo del Progreso Patrio. Así se restaurarán las energías nacionales, y se crearán oirás nuevas; las físicas, por las que las regiones hayan de crear para dotar a su genio de la fortaleza que la victoria precisa; las morales por la intensidad de los elementos varios que han de contrastarse; por la intensidad del contraste que corresponde a la de la luz, a la del calor, a la de la vida. Y he aquí como, la naturaleza, al sancionar, en general, en este orden de las ciencias sociológicas, los mismos principios que hemos demostrado en los demás ordenes oportunos, determina el Ideal de éstas, concretándolo en una fórmula, análoga a la que propusimos al ocuparnos de las naciones, relativamente a la esfera más elevada que en éstas han de desenvolver su actividad. Esto es, "Triunfar en el Pugilato que entre todas ellas se entable por el progreso de España". La que venza en ese Pugilato (y no hay en la Historia vencimientos definitivos) impondrá el matiz de su genio propio al progreso de la nación. Presidirá las expansiones del alma nacional. Así, la región más española, será la que ponga más alto el nombre de España; la que más eleve el nivel de grandeza de la patria común.

Pero, éste, es Ideal Común a todas las regiones Españolas. Es Ideal de Andalucía como Región que ha de concursar con las demás regiones, en el pugilato por el progreso de la Sociedad de todas ellas; no como realidad substantiva e independiente: Aquél es el Medio, éste será el Fin. Andalucía hade tener por Ideal, como Región española, el predominio de cualidad como inspiradora de la obra del Progreso Español: el triunfo en ese Progreso de su dogma esencial; en una palabra, ha de tener por Ideal el imponer su Ideal en el pugilato que establezca con las demás Regiones, para que, por la virtud de su imperio, se eleve más alto que lo pudiera hacer otra alguna el Progreso Español, y, con él, el del mundo, y, por tanto, el nombre de España. Ahora, peculiar del Genio andaluz.

Antes de intentar averiguarlo, hay que resolver, como cuestiones previas, las que, a este propósito, se planean; tales como la existencia de Andalucía, y por consiguiente, la de su genio; y la de si, Andalucía, como creen algunos, está condenada por la Naturaleza a perpetuar incapacidad, y, por tanto, si es, o puede ser, capaz de definir y de realizar su Ideal, para, en caso afirmativo, concluir con la definición de éste, así como, también, con el análisis del estado actual de su capacidad; averiguando si carece circunstancialmente de ella, las condiciones o medios de remover las causas que tal resultado producen; los cuales medios, en su consideración substantiva, habrán de presentarse, como otros tantos ideales próximos, a cuyo cumplimiento, más o menos inmediato, habrá de tender el Pueblo Andaluz.

Esta capacidad de los españoles para sacrificar los estímulos individuales en aras de un ideal, por encima de todo colocado, es la causa de que, entre nosotros, las divisiones de índole feudal no hayan encontrado campo abonado; no la incapacidad para dirigir la vida individual, como impremeditadamente se ha dicho por algún escritor. En la relación de intereses, de individuo a individuo, de tribu a tribu, de ciudad a ciudad, la característica de la idiosincrasia española, desde los tiempos más remotos, ha sido el aislamiento. Legendarias y de todos conocidas son nuestras pertinaces divisiones, que no han cedido ni aun ante el peligro común, y que, sin embargo, hanse acabado y depuesto; ante le común ideal. Hasta la división en naciones que se mantiene mientras el enemigo permanece en nuestro territorio, concluye cuando, desaparecido éste, se aleja el peligro y queda sólo el ideal.
Estas paradójicas determinaciones son propias de la psicología idealista, la cual constituye el fondo del carácter español. Así, al no haber en la Península moros que combatir, salvada la patria, queda la Religión: la cual, por ser respetada dentro, es preciso defender fuera, imponiendo con ello el absolutismo del carácter nacional. Entonces abandonan las regiones sus endémicas rencillas y van juntas a defender aquel ideal, último motivo de las determinaciones del Estado en el orden internacional y en el nacional, y espíritu de la colonización española como lo prueban las leyes de Indias, donde se invoca ese ideal como razón suprema de actuación de los colonizadores. De otro modo, tal vez el matrimonio de Isabel y de Fernando no hubiera sido el motivo ocasional de una unión permanente.


II. ANDALUCÍA

Existencia de Andalucía
Existencia del pueblo andaluz a través de la Historia
El genio andaluz. Sus revelaciones positivas
Reconocimiento universal de la existencia del genio andaluz
Confusión de los que niegan la existencia de Andalucía



III. ANDALUCÍA Y EL IDEAL
Capacidad de Andalucía para realizar su ideal
Razones de incapacidad derivadas del medio geográfico
Razones de incapacidad derivadas de motivos de predisposición étnica
El estigma del origen africano
Capacidad de los autóctonos andaluces
Influencias ibérica y camitica
Influencias griega y romana
Influencia germana
Influencias árabe y beréber
Elementos constitutivos de la raza andaluza
Capacidad de Andalucía y cuando empieza su decadencia



IV. IDEAL ANDALUZ

Ideal común e ideal privativo de las regiones españolas
Ideal andaluz
Ideales próximos de Andalucía
Purificación de sus estigmas. Dirección espiritual
Fortalecimiento del espíritu y de la conciencia colectivo-regional
La disociación entre las provincias y municipios andaluces
Donde ha de buscarse la causa de la disociación y la índole de los remedios adecuados para combatirla
Ineficacia de las creaciones formales. Ideales de este orden de Andalucía, dependientes de la creación esencial
Heterogeneidad en la organización
Medios directos de fortalecer el espíritu y la conciencia colectivo-regionales
Insuficiencias de los remedios directos y de las energías existentes para el cumplimiento de los ideales próximos
La causa próxima de la debilidad
Debilidad o inexistencia del espíritu municipal y de la conciencia colectiva de este orden
Necesidad de fortalecer, como base del espíritu colectivo y conciencia regionales, el espíritu y conciencia colectivo-municipales. Medios directos de realizar este fin
Insuficiencias de la profilaxis directa para la creación del espíritu municipal. Incapacidad para la vida colectiva
Las causas de la incapacidad para perseguir los fines de la vida colectiva
Circunstancias de tiranía política-administrativa
Circunstancias económico-sociales. Composición de la sociedad andaluza
En Andalucía predomina la clase agricultora. Es un pueblo de jornaleros
El jornalero andaluz
Imposibilidad de redimir al jornalero para la vida colectiva en las actuales circunstancias económicas
Inexistencia en Andalucía de un pueblo capaz de ser consciente y libre
Inexistencia de la clase media
El problema en la creación de la clase media. En Andalucía ha de ser agricultora
La clase media campesina
Por qué no existe clase media campesina
Tierra. Su distribución actual
¿El jornalero es incapaz de cultivar la tierra?
La acumulación de la tierra y el régimen de la propiedad
Existencia y formas de acumulación
Causas que obran la acumulación, y sus actuales y desastrosos efectos
El régimen que determina la acumulación y los efectos de ésta
Necesidad de variar ese régimen si se ha de constituir la clase media campesina
Ineficacia de las medidas encaminadas a corregir los efectos del actual régimen de propiedad privada de la tierra
Caracteres que ha de reunir el sistema que se adopte
Justicia del régimen de propiedad privada de la tierra. Este derecho niega el derecho de propiedad y la propiedad
El interés de la Región y el mismo de la propiedad exigen la abolición de este derecho Sistemas o soluciones para sustituir el actual régimen
La fórmula
Justificando la inclusión del sistema fisiocrático en el programa de redención económica de Andalucía
Fundamentos del sistema
Efectos de las aplicaciones del sistema fisiocrático
La aspiración ideal y los intereses creados
Sistema de transición. Crítica de estos sistemas con relación a Andalucía
Condiciones que ha de reunir en Andalucía el sistema de transición y enunciación del sistema adecuado Complemento necesario del anterior sistema. El propietario y el poseedor. Reforma de la legislación civil
El sistema compatibiliza los derechos de todos con la urgencia de los efectos que es preciso obtener La tierra a disposición del pueblo
El capital
Medidas ordenadas a la adquisición directa de capitales por labradores y jornaleros
Cajas rurales
Banco Regional Agrario
Fomento del Crédito Agrícola
Medidas que reclama la obra de la formación del pueblo, en el campo y en la ciudad
El sistema fisiocrático en su aplicación al suelo de la ciudad
Abaratamiento de las subsistencias. Los aranceles de Aduanas
Complemento de los remedios expresados. Desenvolvimiento de todas las fuentes de prosperidad material
Condición necesaria del cumplimiento de los ideales
Resumen de la doctrina de los ideales próximos de Andalucía
El más inmediato y central de los ideales próximos



V. EL CAMINO IDEAL

Cualidad de la fuerza y de la organización
ACERCA DEL REGIONALISMO ANDALUZ (Apuntes sobre la Doctrina, Fuerza y Organización)
Artículo I. El momento político
Artículo II. De la reconstrucción nacional y del concepto de la patria
Artículo III. La tradición de independencia nacional, como base del regionalismo. El temor a la aspiración nacionalista
Artículo IV. La patria y el patriotismo andaluz
Artículo V. Reconocimiento social y políticoadministrativo de Andalucía. Las Mancomunidades
Artículo VI. Capacitación de Andalucía. Dirección espiritual
Artículo VII. Capacitación de Andalucía. Unión de las provincias andaluzas
Artículo VIII. Capacitación de Andalucía. La conciencia colectivo-regional
Artículo IX. Capacitación de Andalucía. Remedios esenciales
Artículo X. Deberes de las regiones españolas. Andalucía y la sociedad nacional
Artículo XI. Los Poderes regionales y el Poder nacional
Artículo XII. Resumen, fuerza y organización
Artículo XIII. Crónica abreviada del movimiento regionalista


miércoles, 12 de agosto de 1998

BLAS INFANTE PEREZ

D. BLAS INFANTE PÉREZ

El 13 de Abril de 1983, el Parlamento de Andalucía aprueba por unanimidad el Preámbulo del Estatuto de Autonomía, donde se reconoce a Blas Infante como “Padre de la Patria Andaluza e ilustre precursor de la lucha por la consecución del Estatuto de Autonomía para Andalucía”.

Incansable defensor de la causa del autogobierno andaluz, su labor de restauración, consolidación y regularización tanto de los símbolos como de la idiosincrasia andaluzas, será la cabeza visible de todo un grupo de andalucistas ilustres, tanto hombres como mujeres, cuyo esfuerzo jamás podremos agradecer de manera suficiente: José Andrés Vázquez, Emilio Lemos, Eloy Vaquero, Ruiz Carnero, Hermenegildo Casas, Mario Méndez Bejarano, Mas y Prat (padre e hijo), José Laguillo, Isidoro de las Cágigas, Díaz del Moral, Pedro Vallina, Juan Álvarez –Ossorio, y tantos y tantos otros herederos de un andalucismo ocultado y combatido por la oficialidad durante los siglos XVIII y XIX.

La labor de todos ellos, y sobre todo de Blas Infante, ha sido conscientemente ocultada, ridiculizada y criminalizada durante los cerca de 40 años de españolismo franquista, y manipulada, velada y ridiculizada por otros 30 de españolismo constitucionalista, tergiversándose y sacándose de contexto y toda lógica su ideario y sus escritos, muchos de los cuales siguen estando secuestrados y se les sigue negando su publicación.

Blas Infante no sólo murió la noche del 10 al 11 de Agosto de 1936 a manos de los fascistas españoles, sino que sigue siendo fusilado día a día por la democracia monárquica española.

De su extensa y fructífera biografía podemos reseñar algunos de los elementos más importantes:

- 1885, 5 de Julio, nace en el malagueño pueblo de Casares,
- 1909, entra como miembro del Ateneo de Sevilla, donde entra en contacto con numerosos andalucistas, la mayoría de tendencia culturalista.
- 1913, asiste al Iº Congreso Internacional Georgista, celebrado en Ronda.
- 1915, publica su primera obra, Ideal Andaluz, que acelera su ruptura con el Ateneo.
- 1918, presenta en Ginebra la “Reivindicación de Andalucía ante el Congreso de la Paz”, rechazada por el veto del estado español. También organizará la Asamblea Regionalista de Ronda.
- 1919, Asamblea Regionalista de Córdoba, donde se fijan definitivamente los símbolos nacionales de Andalucía: Bandera, Escudo e Himno.
- 1921, publica una de sus mejores obras: La Dictadura Pedagógica.
- 1924, viaja a Agmat para encontrarse con la tumba de Al Motamid, último rey andalusí de Sevilla.
- 1931, funda las Juntas Liberalistas de Andalucía, herederas de los Centros Andaluces, y punto de partida del inicio decisivo de la campaña por el Estatuto de Autonomía, incidiendo en el apoyo institucional y de numerosas organizaciones culturales, populares y obreras. Escribe La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía, a consecuencia de los hechos acaecidos en la campaña electoral de la Candidatura Republicana Revolucionaria Federal Andalucista. Durante toda la IIª República no descansará, bajo diferentes siglas y desde diferentes ámbitos sociopolíticos en pos del autogobierno y la recuperación de la soberanía de Andalucía.
- 1936, madrugada del 10 al 11 de Agosto, fusilado en el kilómetro 4 de la antigua carretera Sevilla-Carmona, donde hoy se levantan un monumento y una bandera en su memoria.
- 1940, 10 de Mayo, se emite la condena a muerte por el Tribunal de Responsabilidades Políticas de Sevilla, con ley del 9 de Febrero de 1939... el gusto franquista por el carácter retroactivo de sus “leyes”.

Pero Blas Infante no sólo murió el 10 de Agosto, muy al contrario, sino que nació para Andalucía, para el Pueblo Andaluz, y para el Andalucismo. Convencido obrerista, siempre encuadrado en la izquierda liberadora, e incansable luchador por la justicia y la causa de la razón, su obra –inacabada, y gran parte perdida para siempre- es el legado político más importante que poseemos de todo el siglo XX, y pilar fundamental del Nacionalismo Andaluz contemporáneo, por esas razones y muchas más seguiremos diciendo que las ideas de Blas Infante están hoy más vivas que nunca.
Sus principales obras:
* - Ideal Andaluz
*- Motamid último Rey de Sevilla
*- Cuentos de animales
*- La Dictadura pedagógica
*- La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía
*- Fundamentos de Andalucía
*- Antología de Textos
*- Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo
enlaces a biografias: