miércoles, 27 de agosto de 2008

Un nazareno en el Reconocimiento a los Brigadistas Alfabetizadores en Nicaragua de Expo-Zaragoza

Acusamos recibo del mail que nos ha envíado Antonio Alcantara, que ha sido homenajeado en estos días en la Expo-Zaragoza por el Ministerio de Cultura de Nicaragua en el 28 aniversario de los Brigadistas de la "Cruzada Nacional de Alfabetización".



La historia de Nicaragua después del derrocamiento de Somoza, una de las dictaduras mas cruentas y corruptas de America, estuvo llena de dificultades y también de momentos ilusionantes que llevo a principio de los años 80 a una ola de solidaridad en todo en mundo y de importantes apoyos en proyectos de colaboración con el Gobierno Sandinista por parte de los gobiernos europeos para ayudar a este país salir de su situación de atraso, frente a la agresión permanente de los "contras", (antiguos militares de la Guardia Nacional) financiados por EE.UU.


Antonio es socio y amigo del Ateneo Andaluz con el que ha colaborado desde sus inicios en su faceta como pintor, aprendiz de escritor, interesado en el cine, y en la cultura en general. En esos años recién licenciado a sus 22, Antonio marchó en la ilusión solidaria de colaborar como maestro alfabetizador a la Nicaragua Sandinista con el objetivo de hacer descender el analfabetismo en uno de los paises con el indice mas alto de toda latinoamerica, superior al 50%. Esta campaña obtuvo el reconocimiento de la UNESCO en 1981 porque permitió reducirlo al escaso 13%.

Por ello la Junta Directiva del Ateneo Andaluz se une a este Reconocimiento y felicita a Antonio y al resto de sus "compas" brigadistas de Andalucía y de todo el Estado que en estos días van a tener la ocasión de reencontrarse y recordar momentos que seguro que serán "imborrables".


..."Esa experiencia que tuve con 22 años marcó y marcará mi vida para siempre. Sólo la satisfacción de haber podido vivirla compensa todos los sufrimientos y sacrificios que muchas veces da la tarea de enseñante. Solo poder haber ido a Nicaragua, cuando apenas hacían seis meses del triunfo de la Revolución Sandinista, vivir la alegría de su pueblo, el entusiasmo de la juventud, su entrega, su disposición... da sentido a haber estudiado magisterio"...

lunes, 25 de agosto de 2008

Salud y diversión a ritmo de salsa


Los campeones de España de bachata imparten clases de baile latino y "cardiosalsa" en Ateneo y en varios clubes de Dos Hermanas

Eva H. Alonso para Diario de Sevilla

Un, dos, tres, cha-cha-chá. Este es el ritmo que llevan en el cuerpo cientos de nazarenos después de acudir a las clases de baile de Gabryel y Begoña, los jóvenes sevillanos campeones de España de bachata.

Un buen día, Gabryel Berlanga, un joven aficionado a la danza, dejó el trabajo y cerró su empresa para dedicarse profesionalmente al baile latino. "Lo abandoné todo para intentar vivir de mi afición. Comencé en Dos Hermanas gracias a la asociación GAN, iba a talleres y a congresos por España para aprender, y en 2007 creamos la asociación cultural Factoría del Baile", explica.

El objetivo de Gabryel y de Begoña Collado (su pareja sentimental, de baile y también profesora) es crear "una gran familia" con los alumnos, "inculcarles el amor por el movimiento y tener mucho trabajo".

Por eso, Factoría de Baile colabora con el Ateneo Andaluz de Dos Hermanas (donde tiene su sede oficial), pero también con otros clubes deportivos de la localidad como son el Vista Azul, Juan Velasco y Fernando Varela, donde dan clases a precios muy asequibles -unos 20 euros al mes-, de iniciación a bailes latinos y de salón, cardiosalsa, de perfeccionamiento y también cursos para formar futuros monitores.


Asegura Gabryel que no le falta trabajo "gracias a que no buscamos clientes, sino aficionados. Organizamos con ellos barbacoas, excursiones, damos clases gratis todos los fines de semana en fiestas que organizamos en el Café Sur". Ahora, todos esos alumnos esperan con impaciencia a que llegue el día 15 de septiembre, fecha en la que Gabryel y Begoña retomarán las actividades.

Y es que, danzar al son de la salsa, merengue, bachata o kizomba (baile senegalés-portugués) no es sólo diversión, sino también una cuestión de salud: "Por las mañanas la salsa no funciona, porque es un baile de parejas y la gente no puede acudir, así que damos cardiosalsa, el mismo ritmo pero enfocado a una sesión aeróbica. Se baila de forma individual a la vez que se trabaja la expresión corporal, se quema adrenalina y se hace ejercicio", dice el profesor.

Y es que, el son latino es bueno para el corazón, para mantener a raya los kilos, para "los novios que no quieren vals en su boda", para niños y adultos. Para bailar sólo se necesitan ganas y unos buenos zapatos.

Factoría de Baile tiene su sede el Ateneo Andaluz de Dos Hermanas (tfno: 669484686); una web (http://www.factoriadebaile.com/) donde se puede contactar con ellos, contratarlos para clases particulares con coreografías personalizadas y para espectáculos.

NR.- A partir del 1 de Septiembre en Ateneo Andaluz se comenzarán las matriculaciones para el Taller de Salsa, Cardio-Salsa y Bailes de Salón (para mayores) impartido por Gabryel y Begoña. Horarios y precios en ateneoandaluz@gmail.com o en el propio local de la calle Chapí, en el Palmarillo.



miércoles, 20 de agosto de 2008

DISCURSO SIN PUBLICAR DE UN FOTÓGRAFO VALIENTE. POR UN MUNDO SIN ARMAS

Discurso pronunciado por Gervasio Sánchez -Fotográfo y periodista cordobés- durante la entrega el pasado 7 de Mayo, de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo 2008 que otorga el diario El País.



Publicamos en Blog AteneoAndaluz su discurso, un discurso valiente, decidido, acusador, esperanzador y posiblemente retador. Lamentablemente, El discurso de Gervasio Sánchez no fue publicado por El País, ni por Heraldo de Aragón, diarios donde se publicaron las fotografías. El acto fue silenciado y escondido tras las bambalinas de las páginas de deportes, economía y actualidad, fue relegado al olvido entre docenas de discursos similares, de igual índole, de la misma contundencia. Las palabras sobran...


..."Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos. Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte"

Ante un auditorio del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Gervasio Sánchez lanzó una catilinaria dirigida a todos los gobiernos de la democracia española. Estaban presentes, en primera fila, la vice-presidenta del actual, María Teresa Fernández de la Vega, Leire Pajín, Magdalena Álvarez, Mercedes Cabrera, Cristina Garmendía, César Antonio Molina, Trinidad Jiménez, Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, presidenta de la Autonomía de Madrid y alcalde de la capital, muchos ministros, ex-ministros del PP y Psoe, secretarios de Estado, el Presidente del Senado y centenares de invitados.


Esta fotografía se titula Sofía y Alia de la serie "Vidas Minadas", muestra a Sofía Eiface de 25 años, una joven mujer de Mozambique cuyas piernas les fueron arrancadas por la explosión de una mina cuando tenía 11 años de edad, descansando junto a su pequeña hija Alia. Por ésta foto Gervasio Sánchez recibió uno de los premios mas importantes del fotoperiodismo español: el Premio Ortega y Gasset.



Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.

Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.

No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.

Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que, como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad. Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.


Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.


Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.


Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.

Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.

Más info y fotos de Gervasio:

-agradecimiento a "ALRULA" periodista de CanalSur, por la Información suministrada.

domingo, 17 de agosto de 2008

Estamos preparando los Talleres SocioCulturales 2008-2009


Para primeros de Septiembre se comenzará las matriculaciones de los Talleres del Ateneo Andaluz y como cada año habra importantes novedades y cambios que esperamos sean del agrado de socios y amigos de nuestra Asociación. Estamos preparando el cartel y buscando patrocinador que lo financie y aunque todavía no está acabado ni el contenido, ni los horarios, ya podemos anunciar que habrá importantes novedades:

19 Talleres en Marcha...

Talleres de Bailes:
Sevillanas,
Flamenco,
Bailes de Salon (para mayores)
Salsa (Factoría de Bailes)
Danza del Vientre

Aula de Música:
Guitarra,
Piano
Clarinete,
Violín

Técnicas de Fotografía Digital

Aula de Formación
Artes Teatrales
Lectura y Escritura
Clases de Apoyo
Idiomas: Inglés, Francés, Ruso, Árabe y Chino

Peluquería; nivel Avanzado



Igualmente comunicarte que a mediados de septiembre realizaremos una Rueda de Prensa para informar a la opinión pública de las nuevas asociaciones que se incorporan al proyecto del Centro Cultural autogestionado. En estos momentos estamos realizando reuniones con dos importantes asociaciones nazarenas que han pedido tener el Centro Cultural como sede compartida. Actualmente como sabes, estamos ademas de la Asociación Cultural Ateneo Andaluz, AFINA (Asociación Fibromialgia Nazarena), APFS (Asociación de Padres Familia Separados) y Asociación Cultural Factoría de Bailes.

viernes, 15 de agosto de 2008

Ateneo Andaluz realiza su Homenaje a Blas Infante

Coincidiendo con la fecha del fusilamiento de Blas Infante, se han celebrado estos días diferentes eventos de Homenaje en el 72 Aniversario de su asesinato. Sin entrar en la polémica de la falta de un acto unitario tanto en Sevilla como en nuestra localidad, la Junta Directiva del Ateneo quiso rendir su particular Homenaje tanto con la asistencia al Acto que convoca la Fundación Blas Infante en el Km. 4 de la Ctra. Carmona cada 10 de Agosto, junto con otros Ateneos, Asociaciones culturales y algunos Ayuntamientos de Andalucía, como al día siguiente en Dos Hermanas en la Pza. Blas Infante donde tiene un escultura en su recuerdo.




Dos Hermanas. El sencillo acto realizado en nuestra localidad, donde acudió la dirección del Ateneo comenzó con unas breves y sentidas palabras del Presidente de la Asociación, Juan Antonio Ruiz, la recomendable lectura del texto de Antonio Manuel, y una ofrenda Floral, para acabar con canto del Himno de Andalucía por parte de los asistentes.


Juan Antonio puso énfasis en el conocimiento de la obra del "Padre de la Patria Andaluza", "indispensable para entender estos momentos de crisis, no solo económica sino sobre todo cultural y de identidad". El Ateneo se comprometió a difundir la literatura de Infante, además de convocar a otras entidades asociativas y vecinales nazarenas para que este acto del 11 de Agosto tenga la importancia que merece.

jueves, 14 de agosto de 2008

"Blas Infante, hoy" por Antonio Manuel

Discurso leído el 10 de agosto de 2008 "72º aniversario de su asesinato" en el Km. 4 de la carretera Carmona-Sevilla y en la Pza. Blas Infante de Dos Hermanas el 11 de Agosto de 2008

¡Viva Andalucía Libre!


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    Hermanas y hermanos andaluces:

    Me llamo Antonio Manuel.

    Antonio por mi abuelo materno, El Carbonero.
    Y Manuel por mi abuelo paterno, El Latonero.

    Mi abuelo Antonio fue jornalero y anarquista. Se dejó la piel por los más débiles sin esperar que los más débiles se lo agradecieran. En el penal del Puerto aprendió a leer con Shakespeare y Cervantes. Él me enseñó a amar la vida, la cultura y la libertad más allá de lo saludable.

    Mi abuelo Manuel fue artesano y apolítico. No estuvo en más cárcel que la de su conciencia y su taller de dos metros cuadrados. Mi padre todavía conserva las herramientas y la técnica artesanal de su padre. De ellos aprendí a poner el alma en todo lo que hago.

    Mi abuelo Antonio y mi abuelo Manuel no se parecían en nada. Pero los dos se lavaban igual antes de comer. Se arremangaban hasta los codos. Se mojaban la cara. Se frotaban los ojos. La boca. Las orejas. Tomaban y expulsaban el agua por la nariz. Y terminaban frotándose el pelo.
    El año pasado estuve en la Gran Mezquita de Agadez en Níger. Yo no soy musulmán. Así que para entrar en ella tuve que imitar a un niño que hacía la ablución a mi lado. El niño se arremangó hasta los codos. Se mojó la cara. Se frotó los ojos. La boca. Las orejas. Tomó y expulsó el agua por la nariz. Y terminó frotándose el pelo. Aquel niño negro y africano se lavó exactamente igual que mis abuelos antes de comer. O mejor dicho: mis abuelos andaluces se lavaban como musulmanes antes de rezar. Como lo hicieron los padres de sus padres. Sin saber por qué. Mi padre todavía se lava así.

    Yo no.


    Mi abuela Rosario era jornalera. Y mi abuela Angelita, modista. La una casi atea. La otra, católica. Diferentes como la noche y el día. Pero las dos hacían sábado. Brillara el sol o lloviera a mares, mis abuelas abrían las ventanas, los balcones, las puertas. Las dos ponían la casa patas arriba. Y las dos desnudaban las tripas de su hogar a los ojos de la gente. Cualquiera que pasara por la calle sabía el color de las sábanas, del suelo, de las sillas, del techo. Siempre me pregunté por qué limpiaban así incluso cuando la humedad del ambiente lo desaconsejaba. ¿Por qué precisamente un sábado, un día normal para la mujer enclaustrada de entonces? ¿Y por qué de rodillas si el resto de la semana fregaban de pie?

    Los judíos no pueden realizar actividad alguna durante el sabbat. Desde el ocaso del viernes al ocaso del sábado. No trabajan fuera ni dentro de casa. No pueden cocinar. Ni encender fuego siquiera. Hasta hace bien poco, parecer judío o morisco en Andalucía implicaba expropiación, destierro, cárcel o muerte. Muchos salvaron sus negocios acusando a la competencia de herejía. Moro o marrano aún son insultos socialmente aceptados.

    Las mujeres que limpiaban su casa como esclavas, todos los sábados, con las puertas y las ventanas abiertas de par en par, se estaban autoexculpando públicamente de parecer judías. Al principio lo hicieron para sobrevivir. Luego sus hijas y las hijas de sus hijas continuaron haciendo sábado sin saber por qué.
    Mi madre todavía lo hace.
    Mis hermanas no.

    Ni yo tampoco.

    Decía Blas Infante que todos los hombres y mujeres conducimos en sí, a nuestros abuelos arcaicos. Que nuestra vida actual es un complejo de vidas de nuestros antepasados, del cual somos una actual resultante. Y tenía razón. Pero yo, que me llamo como mis abuelos, que heredado de ellos su actitud vital en defensa de los más débiles, su pasión por Andalucía, la cultura y la libertad, no hago sábado como mi madre ni me lavo antes de comer como mi padre. ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Qué ha cambiado para que sea yo quien rompa una cadena de siglos? Sin lugar a dudas, ha cambiado Andalucía. Y nosotros con ella.

    La realidad que conoció Blas Infante no es la realidad de ahora. Ni siquiera la realidad de hace 30 años. Andalucía es otra. Y otro el pueblo andaluz.

    Andalucía no es la jornalera y subdesarrollada que marcó la infancia de Blas Infante y la mía propia.

    Ni el pueblo andaluz el mismo de aquel 4 de diciembre que ni Blas Infante ni yo conocimos. Ese que dicen que movilizó a millones de andaluces para conseguir lo que todavía no ha conseguido ni conseguirá ningún otro pueblo de España. Cuentan que salieron a la calle con banderas prohibidas. Que pedían tierra y libertad. La tierra, con los pies en el suelo. La libertad, con los puños en alto, apretando el aire en señal de pertenencia. No fue un sentimiento impostado. Había verdad. Había Andalucía. Pero el tiempo aniquila con la misma desidia las emociones y las células de la cara. Aquello pasó y no volverá a pasar jamás.

    Aceptémoslo.
    Andalucía es otra.
    Y otro el pueblo andaluz.


    Y la culpa es mía. Y de mi generación. Nosotros ya no somos los hijos del agobio sino de la abundancia. Los hijos del consumo globalizado. Del bienestar. Ya no somos la generación de los puños rebeldes sino la generación de los puños dóciles. La generación de la indiferencia.

    La generación que enterrará el alma de Andalucía.
    Dicen que durante un viaje astral el cuerpo se separa del alma. Que te puedes mirar abajo y verte sin alma o mirar arriba y verte sin cuerpo. Y que no te mueres mientras no se rompa un cordón de plata que hilvana tu cuerpo con el alma.

    Hace demasiado tiempo que el alma de Andalucía vive desligada de su cuerpo. Ocultando lo que fue y simulando lo que nunca a llegó a ser. Al principio, por instinto de supervivencia. Luego, sin saber por qué. Cultura es aquello que queda después de haber sido olvidado. Los andaluces olvidamos por qué nos lavamos las manos como musulmanes y por qué hacíamos sábado para no parecer judíos. Pero lo hemos seguido haciendo durante siglos como huellas vivas de nuestra resistencia cultural a un modo impuesto y extraño de entender la vida.

    Blas Infante llamó a esta época de resistencia cultural “era flamenca”. Y la definió como una actitud, como un “fluir subterráneo, oculto o inexpreso, del estilo andaluz, creando sus hechos culturales como el ladrón que se oculta entre sombras”. No hay persona ni pueblo que hubiera sobrevivido a esta esquizofrenia sin perder la memoria y su identidad. Andalucía lo consiguió como siempre lo ha hecho: transformando la realidad para hacerla suya. Convirtiendo su instinto de conservación en cultura. Andalucía es camaleónica y ha hecho del mimetismo y del camuflaje su manera de ser y sobrevivir. Por eso, a pesar de todo, su alma ha permanecido casi intacta en esencia. Pero conmigo, con mi generación, buena parte de estas huellas, de nuestra cultura más auténtica, de nuestra actitud frente a la vida, de nuestra alma, se extinguirá para siempre.

    Me refiero a la cultura íntimamente ligada al modo de vida rural y jornalero. A la cultura de la tierra. A la cultura de la resistencia. A la era flamenca. Los jornaleros han ejercido de reserva étnica de aquella Andalucía clandestina, morisca y conversa. Fueron el cordón de plata que la mantuvo viva. Hasta hoy. Con la desaparición del jornalero, se extingue su cultura. Y sin él, se extingue el alma de Andalucía.

    Y sin alma, no somos nadie.

    El alma de un pueblo es su identidad cultural. Y sólo las identidades culturales pueden y deben ser consideradas células madre de las identidades políticas. Blas Infante no creyó jamás en este orden mundial manejado por los Estados Nación, hijos bastardos de las guerras y los colonialismos. Blas Infante sólo creía en los pueblos culturales como unidades legítimas de poder político. Así pues, bastaría con aniquilar la identidad cultural de un pueblo, matar su alma, para acabar con su potencialidad política. Esa es la razón de ser y la trampa de la globalización: promover la uniformidad cultural en el planeta, eliminar las diferencias culturales entre los pueblos, banalizarlas o convertirlas en productos de consumo, y de esta manera instaurar un único gobierno mundial tolerado por las masas. Y hacia allí vamos como pájaros pinzones a los que se les arranca los ojos para que no dejen de cantar. Hacia el universalismo político que tanto repugnaba a Blas Infante.

    Él lo predijo hace más de 80 años con su mágica intuición. Y lo condenó de esta forma: “Contra el reconocimiento de la libertad de los pueblos se ensaya otra resistencia basada en las patrañas: la del universalismo político. Esto es, concluir las distinciones populares en núcleos cada vez de mayor extensión y, siguiendo este criterio, llegar hasta el Estado Único, hasta el Parlamento único de la tierra. ¡Cualquiera se entendería en este parlamento! El centro adecuado geográfico de un Estado tan universalista debiera ser el Polo Norte”.

    Pero con más esperanza que ingenuidad, el propio Infante creyó que no sería sencillo instaurar el universalismo político por dos razones: primero, porque la globalización más que simplificar las culturas las terminaría difundiendo por todo el planeta; y segundo, porque la individualidad cultural de los pueblos no se mata tan fácilmente. Para Blas Infante sería preciso que esos pueblos hubieran sido desplazados de sus territorios íntegramente, destruidos en su totalidad o trasladados en masa a otros territorios extraños, o sería necesario que el medio desapareciera o se transformara.

    En ambas hipótesis, Infante se equivocó. Más bien le pudo el corazón a la cabeza. Porque ya no son necesarias las bombas atómicas, ni las deportaciones masivas ni las catástrofes para acabar con las identidades culturales más frágiles: basta con el dinero y la televisión.

    Blas Infante se negó a creerlo y ponía a nuestro pueblo como ejemplo de resistencia cultural frente al universalismo político. Decía que el utilitarismo europeo no había conseguido la uniformidad en Andalucía. Que Andalucía era pensar y sentir. Que el alma andaluza no se había ido. Que había quedado en sus pueblos, esclavizada en su propio solar. En la cultura jornalera. Y por eso gritaba Viva Andalucía Libre. Y lo insertó en nuestro himno para que al cantarlo reivindicáramos en voz alta la vitalidad del alma andaluza, libre del capitalismo insensible de Occidente. Lástima que aquella uniformidad cultural que no pudieron conseguir en quinientos años, estén a punto de lograrla en menos de treinta.

    Aunque me duela decirlo, creo que los andaluces hemos roto el cordón de plata con nuestros antepasados porque el Estado del Bienestar, la Unión Europea y mil subproductos más de la globalización capitalista han acabado con la era flamenca. Y lo que es peor: han acabado con ella sin que hayamos tenido conciencia de haberla vivido. El alma sabia y rebelde de la Andalucía clandestina fue capaz de sobrevivir al desplazamiento masivo de moriscos y judíos, a la destrucción sentimental de Al Andalus, a la expropiación ilegal de nuestra tierra, a la ocultación de nuestra historia, al hambre, a la emigración, a la guerra, o a la represión contra los más débiles promovida en todas las épocas por toda clase de gobiernos.

    Pero me temo que el alma anestesiada de la Andalucía de hoy no sobrevivirá a la deforestación ecológica, social, cultural y política que está provocando el consumo globalizado. La amenaza es ya una realidad. El futuro ya está aquí. Nuestras ciudades se parecen cada vez más a las de cualquier otra parte del planeta. Nuestros hijos ven las mismas series de televisión que en África o Asia. Juegan con las mismas consolas. Visten igual. Todos estudiarán en Europa y Estados Unidos. Sus paisajes cotidianos serán cada vez más parecidos. Cuando sean mayores, apenas si podrán votar entre dos franquicias políticas como en el resto de países civilizados. Y, por supuesto, nuestros hijos querrán consumir y consumir para sentirse fugazmente felices.

    Igual que nosotros.

    Pero quizá lo más doloroso será comprobar que nuestros hijos tampoco se la lavarán las manos como sus abuelos, porque jamás vieron a sus padres lavarse de esa manera. Y la culpa, esta vez, será nuestra. Todavía estamos a tiempo. Todavía quedan huellas vivas pero incomprendidas del alma de Andalucía en peligro de extinción. Si no tomamos conciencia de ellas y de lo que significan, mañana serán fósiles bajo tierra.

    Por eso afirmo que Andalucía es otra. Y otro el pueblo andaluz. Yo acepto esta nueva realidad sin resignación ni nostalgia. Pero me niego a acatarla como tampoco la acataría Blas Infante. Porque si él estuviera aquí, vivo entre nosotros como yo siento que lo está, no permitiría la muerte del alma de su pueblo. De su identidad cultural. De su espíritu de resistencia. De su fundamento político. Y menos ahora, precisamente ahora, cuando su bandera verde, blanca y verde ondea en nuestras instituciones, cuando su himno se canta en las escuelas, cuando más poder autónomo hemos alcanzado en nuestra historia más reciente. Parece mentira que la misma utopía por la que se dejó la vida sea la que entierre el alma de Andalucía.

    ¿Y por qué la dejan morir? ¿A quien interesa la muerte del alma de Andalucía?

    Sin duda, a los políticos que hoy no están aquí. A los políticos que la gobiernan. Y a los intereses que defienden. Los de su partido. En España. Los mismos políticos que frivolizan con nuestra deuda histórica, los mismos que hacen coincidir nuestras elecciones con las generales, los mismos que se reeligen indefinidamente, los mismos que desprecian a la sociedad civil cuando no son afines, los mismos que permiten los atentados urbanísticos en nuestra tierra, los oleoductos, los cementerios nucleares, las bases militares, los mismos que renunciaron a nuestros campos, a nuestra pesca, a nuestra energía, los mismos que utilizan y manipulan la figura, la obra y el pensamiento de Blas Infante. Los mismos que lo ignoraron entonces. Los mismos que todavía lo ignoran.

    Y que hacen lo indecible para que los andaluces lo sigan ignorando.

    A todos ellos les interesa que Andalucía se convierta en un ente clónico e invisible para los andaluces. Que sus noticias ocupen un par de páginas a lo sumo en mitad del periódico o un par de minutos de televisión entre los sucesos y los deportes. Y para conseguirlo, nada mejor que hacer invisible al propio Blas Infante. ¿Por qué tantas calles, plazas y bibliotecas y sin embargo no se estudia en los colegios que llevan su nombre? ¿Y por qué ahora esos políticos proclaman su andalucismo y a la vez se comportan como si le repugnara la palabra?

    Porque la figura de Blas Infante es como un beso que enamora. Pero su pensamiento es como dinamita que estalla en los ojos. El discurso político de Blas Infante es rabiosamente contemporáneo. Revolucionario. Y, por supuesto, contrario a sus intereses.

    Blas Infante decía que la muchedumbre era la masa y el pueblo su conciencia minoritaria. Por eso creía en la soberanía social, en la democracia directa y popular, en el poder del pueblo que se sabe y se siente libre, en la patria ciudadana, y desconfiaba de los partidos políticos y de sus estructuras. Decía que hay que estar siempre en guardia contra el enemigo común, el actual secuestro de la tierra, causa de todas las calamidades sociales. Creía en el universalismo humano desde el respeto a las diferencias. Intuyó que la crisis de Occidente no era ni política, ni económica sino humana, una crisis de humanidad. Decía que por encima de todos los estados políticos, el estado natural del ser humano era el de su libertad. Creía en el encuentro. En el alma. Y a fuerza de tanto decir, un día como hoy hace 72 años, lo callaron de un disparo.

    A Blas Infante lo mataron antes de tiempo para no morir nunca. Su discurso todavía hoy resulta demasiado antisistema para ser conveniente. Por eso hoy, más que nunca, su pensamiento universalista, pacifista, intercultural, humanista, feminista, ecologista y libertario es la solución para Andalucía y desde Andalucía para la Humanidad entera.


    Nos hallamos ante un momento crucial para nuestro planeta, para nuestra tierra, para nuestras vidas y la de nuestros hijos. Es la primera vez en la historia de la Humanidad en que el futuro no se percibe como progreso sino como amenaza. Para acaparar egoístamente todos los recursos planetarios, hemos provocado una deforestación ecológica, social, cultural y política sin precedentes en la historia de la Humanidad. Infinitamente más perversa y dañina que todas las guerras mundiales. La sociedad primermundista lo sabe y aún así no renuncia a su nivel de Bienestar. Las utopías han muerto. No hay ideología más allá del consumo globalizado. Nunca como ahora el ser humano ha tenido tanta conciencia de pertenecer a la Humanidad, y nunca como ahora el ser humano ha sido tan individualista.

    Y entre la Humanidad y el individuo, cada vez más nada. Desaparecen las fronteras para el tránsito de información, mercancías y capitales pero no para los cayucos y las pateras. Los Estados-Nación comienzan a borrarse de las conciencias y de las economías mundiales. Todo tiende hacia el Universalismo político. Hacia un único gobierno mundial. Hacia la trampa. Y todo el mundo pica el anzuelo porque cada día el mundo se parece más al barrio londinense de Canden Town, donde las distintas culturas se compran y se venden como souvenirs a saldo, porque en el fondo sólo hay una cultura que nadie discute: el mercado. La única religión planetaria.

    Decía Aristóteles que la mente es lo divino del hombre. Y yo digo que el corazón es lo humano de dios. El hombre lleva jugando a ser dios desde que es hombre. Pero nunca como ahora de una manera tan desalmada. Tan fáustica. El hombre contemporáneo es un dios sin corazón que ha normalizado la venta del alma al diablo para conseguir lo que desea. Y cuando al fin lo tiene, quiere más porque no tiene alma para disfrutarlo. Éste es el fundamento del absolutismo de mercado. Del liberalismo político y económico. La apariencia de libertad para escoger entre los productos que nos ofrecen. Y la perpetua insatisfacción. Uno es aparentemente más feliz mientras más tiene. Y mientras más tiene, más desea. Y mientras más desea, más infeliz. Y mientras más infeliz, más solo.

    Y en medio de la nada, perdida y sin alma, víctima de todos estos procesos aniquiladores, sola, Andalucía.

    Hay un reloj de sol en la cara norte de la Giralda de Sevilla. Un reloj de sol donde no da el sol. Cuenta la leyenda que lo colocó Ibn Arabí antes de marcharse al Oriente, huyendo de la intransigencia y del integrismo irracional que se instaló en Al Andalus. Para la cultura grecolatina, el tiempo es una línea horizontal donde el futuro queda delante y el pasado detrás. Para los andalusíes, el tiempo es vertical, el pasado se asienta en los pies y el futuro apunta a las estrellas. De esta manera crece el individuo sobre lo vivido. El reloj de sol de la Giralda apunta hacia el sol de medianoche, hacia la luz entre las sombras, para que Andalucía no olvide lo vivido y mire siempre hacia el cielo. Para no perderse.

    Blas Infante, otro hombre de luz, intuyó que este momento llegaría. Y nos dio el arma para combatirlo: el andalucismo.

    ¿Y en qué consiste el andalucismo de Blas Infante? En la lucha desde Andalucía contra el universalismo político. En la lucha por mantener la diversidad ecológica, cultural, social y política a todo lo ancho y alto del paralelo 36, para Andalucía, los pueblos y la Humanidad. Las causas justas no tienen patria. Y el andalucismo tampoco. Por eso me atrevo a afirmar que no hay mensaje más esperanzador ni utopía más atractiva que el andalucismo de Blas Infante como expresión paradigmática del universalismo humano en el planeta. El andalucismo de Blas Infante es como el reloj de sol de la Giralda: un referente de luz para que Andalucía no se pierda entre las sombras.

    Esta vez la noche se llama globalización. Su coartada es la uniformidad. Qué mejor metáfora que el eslogan de un anuncio de coches: donde no hay diferencia queda la indiferencia. Los mismos paisajes. La misma gente. La misma cultura. Y contra ella combate el andalucismo.

    La pérdida de biodiversidad es el componente básico del cambio climático: pierden las especies autóctonas y ganan las banales y exóticas. De ahí que los ecosistemas planetarios tiendan a homogeneizarse. Cada vez son más escasos nuestros linces, águilas y pinsapos y menor su capacidad de reproducción. Eso facilita que aumenten los ratones, urracas y eucaliptos, lo que “nos hace más parecidos a otros lugares”.


    Lo mismo ocurre con nuestra sociedad. El Estado del Bienestar se inventó para terminar con la lucha de clases eliminando el presupuesto de hecho: el propio concepto de clase. Muerto el perro, se mata la rabia. Dejan de existir burgueses porque solo hay burgueses. Clase media. Consumidores que no ven los extremos económicos de la sociedad. Los marginados se instalan en las periferias de las ciudades. Los ricos en los gimnasios y restaurantes mezclados con la chusma corriente. Y mientras unos morimos de colesterol, el resto se muere de hambre.

    La misma deforestación ocurre con la cultura. Quizá la más grave y determinante para que la masa consienta el universalismo político. Igual que se extinguen especies animales o plantas, cada semana desaparece una lengua en el planeta. Y mientras sepultamos para siempre una manera distinta y milenaria de decir madre, Zara abre tiendas con los mismos escaparates por todo el mundo. Y la gente viaja a Nueva York para comprar lo mismo que ve en la calle Sierpes.

    Por último, la deforestación política. Cada vez votamos menos y a menos partidos. Apenas dos marcas electorales han secuestrado toda la política representativa dejando sin voz a la sociedad civil. Y encima nos cuentan que eso es lo moderno. Como en Suiza y Estados Unidos. No. Eso es mentira.

    Andalucía está padeciendo como ningún otro pueblo de España y Europa esta deforestación masiva. Nuestras costas y pueblos se han plagado de edificios. Nuestros campos de barbechos y ahora de huertos solares subvencionados para que no quiebren las promotoras inmobiliarias. Ocupamos los últimos lugares en desempleo, producción industrial, renta y educación. Incluso nos morimos antes que la media española. Pero a nadie importa porque Andalucía se ha hecho invisible para los andaluces. El nuevo estatuto que aprobaron apenas un tercio de votantes nos ha colocado en el segundo escalón autonómico detrás de las privilegiadas de siempre, vulnerando así el espíritu popular del 28 de febrero. Seguimos siendo la única comunidad que hace coincidir sus elecciones autonómicas con las generales, como un postizo de cuyos resultados nos enteramos de madrugada y que ha condenado lentamente a la marginalidad al hecho diferencial andaluz. Esta coincidencia electoral es sin duda el mayor de los desprecios a nuestro pueblo, perpetrado por los mismos que no estando aquí también desprecian a Blas Infante.
    Ya está bien. Andalucía es otra. Y otro el pueblo andaluz. Lo acepto pero no lo acato como tampoco lo acataría Blas Infante. Si él estuviera aquí entre nosotros, vivo como yo siento que lo está, volvería a gritar ¡Andaluces levantaos! Pedid tierra y libertad. Pero no lo pediría igual que hace 72 años. Ahora todo es más sutil y complejo.

    Ahora Tierra y Libertad equivalen a ecologismo, autosuficiencia alimentaria y energética, elecciones propias para Andalucía y más sociedad civil. Blas Infante lucharía contra la adulteración del andalucismo al que los partidos estatales quieren convertir en una línea transversal de sus programas, como ya hicieron con el ecologismo o el feminismo. Blas Infante reivindicaría la esencia del andalucismo como la única ideología desglobalizadora que contiene en sí misma la lucha ecologista y libertaria. Por eso pido a los políticos que hoy sí están aquí un esfuerzo de generosidad y humildad para crear una fuerza esencialmente andaluza adaptada al siglo XXI, una casa común donde se encuentren la izquierda crítica, el ecologismo y andalucismo político.

    Si Blas Infante estuviera aquí se sentiría tremendamente orgulloso de este acto civil en su homenaje, protagonizado por el pueblo andaluz, donde no hay más protocolo que la evidencia de ser todos iguales. Aún así, pido al Presidente de la Junta de Andalucía que reflexione sobre su ausencia, para que sea el último año que falta al respeto de Blas Infante no acudiendo al lugar de su fusilamiento. Igualmente pediría a todas las fuerzas políticas andaluzas que no organicen más actos paralelos en su memoria y que acudan a éste, por favor, sólo a éste. No frivolicen más con la muerte indigna y todavía no restaurada del Padre de la Patria andaluza.

    Pero sobre todo, si Blas Infante estuviera aquí, vivo entre nosotros como yo siento que lo está, lucharía para resucitar el alma de Andalucía. Y lucharía para la recuperación de nuestra conciencia como pueblo. Y se dejaría la piel por la normalización de nuestra historia en los colegios y bibliotecas. Y volvería a pedir simbólicamente el uso ecuménico de la Mezquita de Córdoba, la repatriación jurídica y sentimental de los descendientes de andalusíes expulsados, o la declaración del flamenco como patrimonio intangible de la humanidad por la UNESCO.

    Yo lo he hecho. Pero yo no soy nadie. Solo. Apenas el colibrí de la fábula. Cuentan que el bosque ardía. Los animales huyeron hacia el lago. Y allí lamentaron la pérdida del decorado de sus vidas. Todos menos un colibrí. Tomó una gota de agua en su pico y se fue dirección a las llamas. Volvió una, dos, tres, cuatro veces ante la mirada atónita de los demás. Al quinto viaje, un animal cualquiera le preguntó: “¿No ves que tu esfuerzo es inútil? Ni aún con un millón de gotas, ni aún dedicando tu vida entera, conseguirías apagar el fuego”. Tienes razón, contestó el colibrí, pero al menos yo estoy poniendo mi parte.

    La realidad es terca y conviene aceptarla. Como el resto de los animales, el colibrí también acepta la insolencia de la verdad. Pero no la acata. Sabe que el bosque se convertirá en cenizas. Pero con su conducta diferenciada de la masa, el colibrí está quemando las conciencias del resto de los animales que contemplan las llamas con los brazos cruzados. Si se hubiera quedado quieto como ellos, ninguno se hubiera cuestionado su comportamiento. Al asumir su responsabilidad colectiva, el colibrí los está dejando en evidencia. Porque si todos imitaran al colibrí, tal vez la realidad sería otra. Quizá se apagara el fuego. Al menos, el fuego de sus conciencias. En eso consisten las utopías. En aceptar la realidad para desobedecerla. Y en eso consiste el andalucismo. En que todos los que estamos hoy aquí actuemos como colibríes para Andalucía.

    Aceptemos la verdad. Andalucía es otra y otro el pueblo andaluz. Yo la acepto pero no la acato. Como Blas Infante. Como el colibrí. Yo me llamo Antonio Manuel. Como mis abuelos. Tengo dos hijos a los que mi mujer y yo hemos llamado igual que los padres de nuestros padres. A partir de mañana, prometo que nos lavaremos juntos las manos antes de comer como hacían sus abuelos. Y les contaré por qué sus abuelas hacían sábado.

    Para que no lo olviden.

    Al mayor lo llamamos Liberto en recuerdo de su abuelo libertario. Lo llamamos Liberto para que no olvide jamás que la libertad, como el amor y la memoria, se gasta de no usarla. Para que no olvide jamás que ha nacido libre y que el uso de su libertad dará sentido a su vida.

    Y lo llamamos Liberto para que no olvide jamás el ansia de libertad del pueblo al que emocionalmente pertenece, para que no olvide jamás el deseo que lleva Andalucía hilvanado a su nombre, para que no olvide jamás el último grito de Blas Infante con una bala incrustada en la espalda. El mismo que os pido que gritéis conmigo. Pisad la tierra que os pertenece. Levantad los puños y apretad un pedazo de cielo porque es vuestro. Y demostrad a Blas Infante que su voz y el alma de Andalucía siguen vivas, más que vivas que nunca:


    ¡Viva Andalucía Libre!

    Antonio Manuel Rodríguez Ramos (Almodóvar del Río 1968)
    Profesor, jurista, escritor, músico y activista social, cultural y político
    Doctor en Derecho, Profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba, autor de varios ensayos y monografías, poemarios, novelas y discos, ganador de varios premios literarios, columnista de “El Día de Córdoba” (El insurrecto), colaborador de la Cadena SER y El País, profundamente vinculado con Andalucía y firme defensor de la sociedad civil como contrapoder político, ha participado activamente en la plataforma Andaluces Levantaos, Andaluces por Andalucía, Parlamentando por Andalucía, Paralelo 36, Foro Andaluz, Ateneos de Andalucía, Club UNESCO de Córdoba o Andaluces por unas Elecciones Propias, entre otras, fundador de la primera ONG escolar de Andalucía, presidente del Ateneo Popular de Almodóvar del Río, miembro fundador del Taller de ciudadanía y de otras muchas plataformas y asociaciones, redactor de la Declaración de Chauen, Decálogo de Córdoba por la Alianza de Civilizaciones, y promotor de la iniciativa para la equiparación jurídica de los descendientes de moriscos para la adquisición preferente de la nacionalidad española. Editor, junto con Manuel Pimentel, de “Andalucía. Teoría y fundamento político” de Blas Infante.

    La Fundación Blas Infante lo eligió en 2008 para intervenir en el acto civil con motivo del 72 aniversario de su asesinato. Está casado con Elia y es padre de Liberto y Elia.

miércoles, 13 de agosto de 2008

¿Quien teme a Blas Infante?

Causa sonrojo todo lo que está pasando con la figura de Blas Infante. Indigna ver el uso y abuso que algunos hacen de él desde el más profundo desconocimiento de quién fue, qué hizo, qué dijo y qué pensaba. Lo cierto, está negro sobre blanco, es que las instituciones y el pueblo andaluz reconocen en él al Padre de la Patria Andaluza, pero el presidente del Gobierno, el socialista Manuel Chaves, rechaza acudir a un homenaje del Parlamento, y junto con él se ausenta más de la mitad de su equipo.

¿Imaginan a José Montilla actuando así en Cataluña?.
A los socialistas les asusta el mensaje alentador que Infante transmite a los andaluces cuando se acercan a sus textos, por eso no está en las escuelas. Animar a una Andalucía liberada del caciquismo es un objetivo peligroso para quienes llevan tres décadas aferrados al poder.

Curiosamente es el Partido Popular quien ahora se afana en darse un barniz andalucista, y defienden la integridad del notario malagueño convertido al Islam. Quizá no han leído que definía a Isabel de Castilla como la “empeñajoyas”, o que afirmaba que “España es el amo que Europa le puso a Andalucía”, o que llegó a pedir abiertamente la independencia frente a un Estado “que no nos quiere”, o mil cosas que más que chocan frontalmente con el ideario del PP.

Si alguien dedicó su vida a entender la complejidad de Andalucía es Blas Infante, y con él tenemos una deuda impagable todos los andaluces, desde Murcia hasta el Algarve, desde Gibraltar, hasta Despeñaperros, tal como se define el espacio geográfico que el rey Abu Abdalah (Boabdil) controlaría si rendía Granada a los reyes de Castilla... que por supuesto lo engañaron, como ahora hacen con nosotros manteniendo la infamia. Hoy, 72 años después de su fusilamiento, el mensaje de Blas Infante debería llenarnos de esperanza... lean sus obras. No sé arrepentirán.

Rafael M. Martos
Director de Diario de Almería
(Artículo publicado el día 13 de agosto de 2.008 en DIARIO DE ALMERIA, página 15)

domingo, 10 de agosto de 2008

Los partidos se olvidan de Blas Infante en su homenaje

PUBLICO.ES - OLIVIA CARBALLAR - Sevilla - 10/08/2008

“He visto entregada esta tierra a aventureros de la política, a advenedizos que hacen de ella asiento de su cretina vanidad y base de su mezquino interés”. Lo dijo hace años Blas Infante, el Padre de la Patria Andaluza, y bien podría haberlo repetido en los prolegómenos de su propio homenaje, el que el Parlamento andaluz le rindió por el 72 aniversario de su fusilamiento por las tropas franquistas.

PP e IU, los partidos de la oposición, siguieron avivando el fuego abierto durante la semana por el formato del acto y arrimaron el ascua a su sardina: la Junta ha sido incapaz de organizar un homenaje como el ideólogo del andalucismo se merece, comenzaron diciendo unos y otros para calentar motores. Y con este hilo común, cada uno hizo ya los bordados que consideró oportunos.

Quedó muy claro, en primer lugar, que al líder del PP andaluz, Javier Arenas, le ha indignado que el presidente de la Junta, Manuel Chaves, no haya asistido por estar de vacaciones: “Con este desprecio, demuestra que se considera más importante que el Padre de la Patria andaluza”, arremetió. Él confirmó su asistencia el mismo día que se conoció que el dirigente socialista, que gobierna con mayoría absoluta, no acudiría. ¿Coincidencia?


Y cuando parecía que las críticas no daban más de sí, llegó una especie de golpe de suerte. Otro. No había nadie del equipo de gobierno de Sevilla (PSOE e IU) para depositar junto al busto de Infante el correspondiente ramo de flores. “Venga, sal, sal tú”, exigió al portavoz municipal del PP, Juan Ignacio Zoido, su compañera de partido y alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña. Arenas no daba crédito.

IU tampoco desaprovechó el acto, pero fue al grano y pidió justicia para los andaluces: “Exigimos el pago de la deuda histórica; España nos debe mucho más que esa cifra cicatera de 1.500 millones propuesta por Chaves”, aseveró el coordinador de IULV-CA, Diego Valderas. Tampoco dejó pasar la ocasión para alentar a situar a su partido en referente del “nacionalismo de izquierdas”. La decapitación del PA tras las últimas elecciones ha desatado una lucha entre el resto de partidos por adueñarse de la figura de Infante.

La templanza de la Junta
Pero los golpes, unos más duros que otros, no lograron perturbar la serenidad del Gobierno andaluz, que prefirió centrarse en el homenaje a echar más leña al fuego: “Es un día para la unidad y no para la discordia”, afirmó el vicepresidente segundo, José Antonio Griñán. “Lo demás son fuegos de artificio, que pueden convenir a quienes creen que la política es un espectáculo, pero para Infante la política era mejorar la vida de la gente”, respondió el portavoz parlamentario del PSOE, Manuel Gracia, en sintonía con la cita del principio. La presidenta de la Cámara, Fuensanta Coves, también fue clara: “Estamos haciendo memoria histórica”.



El recuerdo de la familia
Quizá lo más (y único) sincero del homenaje fueron las lágrimas de María de los Ángeles, hija de Infante y presidenta de la fundación que lleva su nombre, al recordar a su padre. “No he echado de menos a nadie; Chaves me avisó con antelación de que no podía asistir; el acto ha sido muy bonito”, dijo ajena a la polémica. Dos biznietos de Infante leyeron extractos de su obra que aún gozan de actualidad, como la lucha por la igualdad femenina.

El himno andaluz sonó. Y con él, una nota algo desafinada: el PP volvió a amenazar con oficializar la versión de la Jurado. Para septiembre.

sábado, 9 de agosto de 2008

AVISO: LA DIRECCION DE CORREO ELECTRÓNICO DEL ATENEO HA CAMBIADO

Por motivos técnicos, desde hace unas semanas nos hemos tenido que cambiar a una nueva dirección de correo electrónico habiendo desaparecido la antigua @auna.com . Por ello y mientras se habilitan la definitiva de info+ateneoandaluz.com nos pondremos en marcha con la nueva de gmail.
Todas las personas que deseen seguir poniendose en contacto con nuestra Asociación, borren la antigua dirección y la sustituyan por la nueva. (ahora mejor, que luego se olvida).

Igualmente os recordamos que estamos poniendo en marcha una Web pero mientras tanto seguimos actualizando puntualmente el BLOG DEL ATENEOANDALUZ, para que tengais información de todas las actividades y noticias que generamos, así como un recordatorio de las actividades realizadas en los ultimos 10 años. Agradeceríamos igualmente nos enviaseis noticias o fotos de actividades en las que hayas participado. Gracias por tu complicidad.