viernes, 6 de febrero de 2009

Cronica de la Visita Cultural a Marruecos: III parte

CRÓNICA DEL VIAJE CULTURAL
A MARRUECOS. (III) por Montse Sanchez
PUENTE DE DICIEMBRE 2008

LUNES 8 DE DICIEMBRE. El tercer y último día de nuestro viaje nos amaneció lloviendo, pero aún así, madrugamos y nos subimos con renovadas ganas a nuestros autobuses para disfrutar del último día del programa. Tuvimos suerte no obstante, y para cuando llegamos a Tetuán para realizar nuestra visita por su zoco ya había escampado, eso sí, no pudimos librarnos de acabar con zapatos y bajos de los pantalones empantanados.



    De la mano de nuestros guías, en esta jornada hicimos una ruta, en este caso, totalmente guiri, en la que se notó, quizá demasiado, la connivencia de la organización local con algunos de los comercios donde nos trasladamos. La primera parada, en una pastelería surtida de todo un elenco de "delicatessen", en la que la mayoría nos surtimos de un buen repertorio de pastelitos con el que agasajar a amigos y familiares.

    Mientras aguardábamos a que todo el grupo finalizara las compras, conocimos al empleado de unos baños públicos aledaños a la pastelería. La entrada de los baños igual no es demasiado apetecible para los gustos turísticos de los escrupulosos. Pues bien el chico nos contó que había estado tres años residiendo en Málaga, pero que fue deportado al ser "pillado" traficando. No obstante, pensaba esperar el tiempo estipulado por ley para volver de nuevo a España. "Aquí no hay trabajo", se lamentaba. No tuvo la necesidad de cruzar el Estrecho en patera, porque pudo hacerlo en una lancha rápida de narcotraficantes. Eso sí, al despedirnos también nos ofreció hachís. Parece pues que sigue al tanto del negocio.

    El recorrido por las estrechas calles del zoco estuvo en esta ocasión mucho más organizado que el día anterior. Además de los guías, que presidían los dos grupos que se formaron, también contamos con otroscontroladores que, al final de cada formación, se aseguraban que no hubiera pérdida alguna y/o despiste entre tanta oferta de marroquinería.

    Porque además de realizar alguna foto de grupo delante del majestuoso palacio presidencial de Tetuán, el día estuvo muy marcado en las compras. Así, negociando, negociando, visitamos varios establecimientos de alfombras, cuero, y cachivaches de todo tipo, índole y precios. Más curiosa resultó la demostración que nos ofrecieron en una herboristería, que a modo de farmacia de guardia, ofrecía remedios para todo.

    Desde el acné a la impotencia sexual, pasando por tratamientos de adelgazamiento, anti-caída del cabello omaquillaje. Como curiosamente había una oferta del día tipo Carrefour (3 productos al precio de 2) sucumbimos de nuevo a la tentación y la mayoría acabó con productos varios. Entre las chicas, bastante aceptación tuvieron los típicos 'col', utilizados en La India para desinfectar los ojos, y que en general ofrece la habitual tonalidad oscura en los ojos de las féminas. La herboristería, por cierto, era un antiguo domicilio se entiende que de alguna familia adinerada, a juzgar por los decorados en techos y paredes, así como el labrado de las puertas.

    Entre tienda y tienda, algunas de las chicas de la excursión se ofrecieron voluntarias para transformarse en una típica campesina marroquí, gracias al préstamo del atuendo necesario para ello que ofrecía una de las comerciantes conocida de nuestro guía. Así que gorro colorido, falda, fajín etcétera, y tachaannnnnnnnnn! Quedaron deslumbradas con tantos flashes.


    Así que con tanta compra se nos abrió el apetito, y llegó la hora del almuerzo, en el restaurante Dar Saada que, aunque de construcción moderna, guarda en su exorno todos los elementos prototípicos para delicia de cualquier turista. Y aquello empezó a entonarse como fin de fiesta de nuestro viaje.
    Nada más llegar, nos recibió un grupo de músicos de dentaduras impolutas, alegres y de buen talante, que marcaron el ritmo con curiosos instrumentos, alegrando pues el día que de nuevo se había vuelto lluvioso. El restaurante, el más lujoso en el que habíamos estado hasta el momento, también nos brindaba otros elementos para el júbilo de los turistas. Por un lado, otro grupo de músicos en el escenario nos fue recreando el almuerzo, con un repertorio en el que no faltó su particular versión de "Mi carro", de Manolo Escobar.También era demasiado tentador lo de hacerse fotos con el grupo en cuestión, así que más de uno nos mimetizamos con ellos momentáneamente.

    Otro de los divertimentos eran los tatuajes de henna que, al módico precio de 3 euros, nos permitía lucir apenas durante una semana los originales diseños realizados en apenas 2 minutos por una chica de pulso impecable. Así que aquello fue contagioso, empezaron las más atrevidas, pero al final no hubo chica en el grupo que no dejara seducir por el impulso del graffiti en la piel.

    El menú en aquel local estuvo bastante completito, pinchos de cordero, cous-cous y de postre fruta del tiempo. Pero aún nos aguardaba más diversión. Para los postres, aparecieron por el local un par de danzarines, uno de ellos bastante simpar el hombre, quien era capaz de bailar llevando sobre la cabeza una bandeja con un juego completo de té, o de velas encendidas. Con la bailarina, hubo quién se animó acompartir golpes de cadera entre nuestros excursionistas.

    Llegados a este punto Fran ya se había mimetizado con el atuendo local, y gracias a los contactos de nuestro guía había conseguido gorro y chilaba moruna a buen precio. A Diego sin embargo, aunque probó el atuendo, no se dejó engatusar por la oferta. Eso sí, al menos nos brindó su propio repertorio musical sobre el escenario.
    Así que como a estas alturas la cosa iba cogiendo olor a despedida, no faltó el discurso del presidente del Centro Cultural Ateneo Andaluz, ni tampoco la foto de grupo. Agradeció pues la amplia participación en la propuesta cultural, y avanzó próximos viajes similares organizados por el Ateneo, así como el encuentro post-viaje que se celebrará finalmente el próximo 8 de febrero.

    Después del almuerzo, como ya habíamos recogido nuestros equipajes antes de salir del hotel por la mañana, nos dirigimos hacia Ceuta con objeto de alcanzar el ferry a media tarde. Pasamos el rutinario control de aduanas sin problema alguno, y de ahí, a la puerta de embarque para aguardar nuestro turno en el ferry.

    Pero hete aquí que para la vuelta cambió el sistema de control de pasajeros respecto a la ida. De manera que ahora nos exigían individualmente cada pasaje con el correspondiente nombre de cada uno, cuando anteriormente tan sólo fue necesario distribuirlos aleatoriamente dado que viajamos como grupo. Pues bien, cuando empezó el embarque y se detectó este desfase, el reparto de los boletos fue todo un desafío entre tanta gente agolpada en la puerta, y algún que otro grito para poder encontrar cada adjudicatario.

    Total, que estábamos bloqueando la puerta de embarque y el resto de pasajeros ajenos a nuestra excursión no podían acceder al ferry. Así que apareció por allí la policía, pero sin más percance se realizó el reparto de tickets y pudimos acceder al ferry sin más inconvenientes. El asunto quedó en anécdota, claro que Fran andaba como loco en el barco buscando un sitio donde poder echar un cigarrito y librarse así de la tensión acumulada.

    Y sin más, llegamos a Algeciras para tomar otros dos autobuses y volver a Dos Hermanas. El reparto de pasajeros se realizó teniendo encuenta los que se dirigían a Montequinto, y los que acudían el núcleo principal de la ciudad, a la sede del Ateneo, desde donde partió el periplo tres días antes, y punto al que llegábamos cargados de anécdotas, nuevos amigos, obsequios y sensaciones diversas.

    Sin duda alguna, la experiencia más que recomendable, así que para la próxima si está en mi mano, "¡Yo voy!".

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