sábado, 14 de marzo de 2009

LA VÍCTIMA COMO LEGISLADOR

(Notas sobre la astucia de la razón autoritaria a propósito de un crimen)
Por Francisco Garrido

Walter Benjamin nos advirtió del riesgo autoritario de convertir a la policía en el legislador moderno. Esto es lo que ocurrió en los totalitarismo del siglo XX .
Con este presagio Benjamin no nos quería decir que las leyes las harían los “guardias de la porra “ sino que la democracia (soberanía popular), la racionalidad (la deliberación libre) y los derechos (las garantías constitucionales) serían barridos por el puro poder de la fuerza y la coerción. Traigo aquí esta frase de Benjamin al calor del obsceno y repugnante circo mediático que en estos días estamos viendo y padeciendo por la muerte terrible de una adolescente en Sevilla (al igual que ya paso recientemente en Huelva).


    En estos días estamos asistiendo a la producción mediática de unos nuevos legisladores: las víctima (o mejor dicho los familiares de las víctimas).

    Lo repugnante de la macabra operación que gran parte de los medios de comunicación están realizando con el crimen de Marta del Castillo (al igual que ya hicieron con el crimen de la niña Mari Luz) reside en que han convertido el dolor insoportable de una familia en un espectáculo de masas , en un producto mercantil de consumo. No les basta ya con la permanente y obscena conversión de la vida privada en un espectáculo sino que tienen también que hacer del dolor real una especie de “reality show”. Todo empezó con Antena 3• en los crímenes de Alcacer y desde entonces no ha cesado. El objetivo es retener ante el televisor al mayor número de espectadores durante el mayor tiempo posible. Y retener su atención de la forma más grosera y primaria. Por qué con ello habrán atraído las inversiones millonarias de publicidad ¿Cuanto dinero ha ganado Tele5 con estos crímenes? ¿Y cuanto dinero , a su vez, han ganado también las marcadas publicitadas entre llanto y llanto, entre cadáver y cadáver? Nunca fue más cierto aquello que dijo Marx en un opúsculo llamado “El crimen y las fuerzas productivas”: “pocas cosas hay más productivas que un crimen, Produce jueces, fiscales policía, carceleros, novelistas…”.

    Los medios de comunicación , especialmente las televisiones, para conseguir el objetivo económico marcado necesitan construir un sistemas de estímulos basados en aquello para lo que nuestra percepción está más predispuesta , evolutivamente, para ser capturada. Todo aquello que tiene que ver con la supervivencia y la reproducción ( violencia, sexo, desvelamiento de lo oculto, etc) nos trae como un imán, es lógico nos va la supervivencia en el asunto, la supervivencia como individuo y como especie .La manipulación de nuestra más grosera percepción es hoy , y lo ha sido desde sus comienzos , el objetivo de la televisión. Más aún cuando se trata de competir entre empresas distintas (canales) por la captura de la atención y de la inversión consiguiente.

    Al igual que la publicidad los mensajes van dirigidos directamente al inconsciente más elemental. Hay que tener en cuenta cuales son las condiciones materiales en las que el telespectador toma la decisión de cambiar o no de canal. Con un levísimo movimiento de dedos el cambio está efectuado, no hay tiempo para mucha reflexión discursiva. El mando a distancia , que apareció al mismo tiempo que los canales comerciales de TV, ha acelerado un modo extremadamente grosero de hacer televisión. El resultado es una oferta televisiva embrutecedora y banalizadora y un espectador envilecido.. La gestión de esta percepción grosera solo puede ser hecha mediante imágenes y relatos extremos y simples, sin posibilidad de reflexión, o distancia crítica alguna. La complejidad y la serenidad que son necesarias para el alumbramiento de cualquier experiencia estética, intelectual o ética son imposibles a la velocidad y magnitud en que funciona el lenguaje televisivo actual. La competencia feroz por la captura de la audiencia impone este lenguaje degradante.

    Por eso la criminalidad más violenta y morbosa es un material de primera calidad para este modelo de televisión. La ratio entre coste y beneficio del crimen televisado es extremadamente atractiva y eficiente. No olvidemos que es la realidad social ( los criminales, las víctimas , los familiares ,los amigos, los vecinos, los policías, los jueces, ) los que asumen la mayoría de los costes de producción y aportan toda la “materia prima”. La cadena televisiva sólo tiene que poner las cámaras, los micrófonos y la construcción dramática ( el guión) del relato. El valor añadido del crimen televisado es superior a cualquier otro espectáculo. Un negocio casi perfecto. Sólo se trata de esperar y seleccionar lo peor de lo peor. Cuando la sociedad oferta algún suceso acudir presto y lo demás viene rodado .: exagerar , mentir, manipular , alarmar …

    De todo las variantes del crimen son dos las más apreciadas por los medios: aquellos crímenes en las que intervienen menores o jóvenes y aquellos otros en que media un tiempo de previo de desaparición de la víctima. En ambos casos la intensidad dramática es mayor y la audiencia y su fidelización mucho mas amplia. En el primer tipo esto ocurre por la especial sensibilidad que lógicamente los menores provocan. Y en el segundo tipo por que la desaparición añade factores de suspense e incertidumbre. Si además la desaparición es de un menor como en los casos de Mari Luz y Marta del Castillo, el “interés informativo” se multiplica.

    El hecho de la desaparición permite a los medios introducirse en el tema bajo la escusa de estar realizando un servicio público al colaborar en la búsqueda. De nada valen la evidencia de la inutilidad de estas campañas. Cuando los medios entran en acción hace ya algunos días de la desaparición y es entonces cuando ya nada se puede hacer. Pero la excusa está ya dada y la orgia de sentimentalismo, morbo, y mentira se ha puesto en marcha y ya nadie la parará.

    Los personajes de esta novela truculenta y despiadada son varios y todos construidos mediáticamente a mayor gloria de los índices de audiencia. El primer personaje es la víctima cuya imagen, en un primer momento, es difundida hasta la saciedad. Después vendrá el perfil biográfico de la ´víctima, Al principio respetuoso, incluso hagiográfico, pero en cuanto aprieta la competencia, este perfil se adorna con sombras, dudas, infamias hasta hacer irreconocible a la víctima como tal. Averiguar que la víctima también es culpable sube mucho los índices de audiencia. Miren sino la evolución del tratamiento mediático de la imagen de la secuestrada Ingrid Betancourt. Todo rumor tiene naturaleza de noticia , toda insidia es publicada.

    Un segundo actor es el “portavoz de la familia”, una figura que la prensa ha creado e institucionalizado y que suele recaer en un familiar no paterno o en alguien cercano a la familia. El portavoz da ruedas de prensa, hace declaraciones a los medios, va de plató en plato compartiendo mesa con los tertulianos. Este segundo actor (el portavoz) al principio da información oficial luego hace valoraciones y termina como activista político reaccionario. Y esto es así por qué responde al guión que previamente le han escrito sus creadores: los medios.

    El tercer actor es el “claustro doloroso” de la familia (padre y madre) en el que el único que toma la palabra es el padre. La madre permanece recluida y sedada. Pero este “claustro doloroso” cuyo contorno y perfil es dibujado por los medios, encierra ya una rentabilidad inminente: la exclusiva ( “por primera vez y en exclusiva habla el padre de…”). Si quien habla es la madre, desde el mismo claustro del dolor, la exclusiva puede doblar su valor en el mercado mediático .

    El cuatro actor es el entorno social inmediato de la víctima o del criminal (los amigos, compañeros, los conocidos) . Estos pasean su dolor, su rabia, sus mentiras por entrevistas y estudios de televisión. A poco que haya la más mínima relación con la víctima o el criminal, los medios le otorgan presunción de veracidad a sus declaraciones; más veraces cuanto más escabrosas y morbosas sean. Son esos que dicen que “ya se veía venir que iba a pasar algo”, que “así no se puede seguir” u otros lugares comunes por el estilo. Por último, y cual coro griego , los tertulianos claman y vociferan en la programación ad hoc,, montadas en horarios de máxima audiencia. Exigen endurecimiento de penas , recuperación de la autoridad . Culpan de todo a la LOGSE, al buenismo, al Mayo del 68, a la supresión del serviciio militar , a la crisis de autoridad, al sistema penal tan blando, a los profesores que no castigan a palmetazos o a los padres que han dejado de ser “padres severos” .

    La duración de la desaparición , hasta el hallazgo del cadáver o la confesión del asesino, marca en gran medida la intensidad dramática del relato mediático. A más duración de la desaparición más intensidad dramática, más audiencia, más publicidad y más dinero. Pero ese periodo de desaparición no puede tampoco durar mucho. La avidez mediática de novedad (de noticias) requiere que pase algo nuevo (el telespectador se cansa de la información monótona por muy morbosa que sea). Es entonces, cuando al aparecer el cuerpo se inicia otro “servicio público” : la búsqueda del asesino. Si por el contrario el que aparece antes es el asesino, comienza las explicaciones de lo sucedido, el desollamiento de la personalidad del criminal, de su entorno. En ambas situaciones la novela continua esta vez buscando remedios a lo sucedido. El show no por ello cesa , se informa a la gente de los movimiento de los detenidos (entradas y salidas de los juzgados) para que algunos, como si fueran extras gratuitos, conformen el paisaje de “la cólera popular” ( siempre se informa de supuestos intentos de linchamiento.

    Y es en este momento del relato es donde se construye a las víctimas como sujetos políticos que han de responder a preguntas del tipo de : ¿Qué hacer con los criminales? ¿Cree que las leyes son muy benignas ? ¿Cómo evitar que esto se repita?. A estas alturas del relato los familiares inmersos todavía en un nube de dolor insoportable siguen el guión que le marcan los medios como si de un analgésico se tratara.. Piden entrevistas a los líderes políticos, montan manifestaciones y organizan plataformas para exigir que la justicia se acerque cada vez más a la venganza. Los medios necesitan de la continuidad de un producto informativo coherente que tan bien han colocado en el mercado. La forma de seguir manteniendo la audiencia no es por medio de la criminología crítica precisamente. De nuevo las propuesta simplistas y groseras que están en el imaginario institucional , emergen: cadena perpetua, pena de muerte. Se organizan escabrosos debates donde se anima al público a votar a favor de algunas de estas medidas por SMS o email y de camino hacer caja. Al mismo tiempo se generaliza un estado de inseguridad ciudadana y de impunidad delictiva que es rigurosamente falso. España es uno de los países de la UE que tiene una tasa más baja tanto de homicidios como de criminalidad (ocupa el puesto 69 a nivel mundial) y es también uno de los Estados de la UE con más presos y más detenciones por habitante.

    A este deplorable y cruel espectáculo ha contribuido el oportunismo del presidente del gobierno recibiendo selectivamente sólo a las víctimas con mayor impacto mediático. Incluso ha tenido la desvergüenza democrática de proponer reformas legislativas a partir de estos casos y de las reivindicaciones de los familiares de las víctimas. A última hora hemos sabido que los autobuses fletados por los familiares de la joven Marta del Castillo para ir a una manifestación en Madrid donde se solicitaba la instauración de la cadena perpetua estaban pagados por la Junta de Andalucía y el ayuntamiento de Sevilla .Todos parecen caer en la fuerza coercitiva de la esa estrategia del temblor y del temor. Unos, los medios de comunicación, por puro interés económico; otros, los dirigentes políticos, por oportunismo electoral, están convirtiendo a las víctimas mediáticas (las otras no existen) y sus plataformas en nuevos legisladores cargados de fuerza moral y de autoridad social.

    Los marcos cognitivos producen una selección de la realidad, a menudo, ideológicamente orientada. El marco cognitivo del temor y del temblor (crimen, crueldad, recreación morbosa en el dolor, estímulo de la venganza) es ideológicamente autoritario, lo maneje quién lo maneje. La lógica oculta de los procesos sociales determina, incluso al margen de la voluntad consciente de los actores, la intencionalidad y la dirección de los procesos. Unos medios de comunicación (especialmente TV) basada en una educación de la percepción cuyo único fin es ganar dinero por medio de la captura de la atención más grosera y simplista del espectador, es empobrecedora , manipuladora y banal (recordemos la tesis de H. Arent sobre la banalidad del mal). El fomento de la grosería morbosa no puede conducir sino hacia objetivos autoritarios y reaccionarios. La conversión de las víctimas ten el nuevo legislador no están lejos de aquello que pronóstico Benjamin. Sólo que ahora, en la época del simulacro, los verdugos llevan puesto la dolorosa máscara de las víctimas.

    Cuando esos padres y madres sean abandonados como juguetes rotos y usados por los medios y ya no sean recibidos por los líderes políticos. Cuando esas madres y padres atravesados por el dolor contra natura de ver morir a sus hijos, vuelvan al “claustro doloroso” ya sin las anfetaminas de los focos y la adrenalina de los micrófonos; encontraran el lugar vacio del duelo . Un lugar que le han robado cruelmente estos traficantes del dolor. Y podrán comprobar que han sido víctima dos veces sin saberlo.

    Francisco de Asís Garrido Peña.
    Doctor en Filosofía del derecho por la Universidad de Granada. Profesor de la Universidad de Jaén. Hasta hace poco fue portavoz confederal de Los Verdes y de Los Verdes de Andalucía.

    1 comentario:

    Anónimo dijo...

    Excelente análisis que debería ser ampliamente difundido y leído y comentado en los centros de enseñanza.